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NOSFERATU: la película de vampiros que un juez ordenó destruir (1922)

En 1922 se estrenó en Berlín una película de miedo. Un vampiro calvo, de orejas puntiagudas y dedos larguísimos. Hoy es una de las películas más famosas de la historia del cine.

Lugar: AlemaniaÉpoca: 1922-1925Publicado: 28 de octubre de 2026Formato: Vídeo

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En marzo de 1922, el público de Berlín vio por primera vez al conde Orlok: un vampiro calvo, de orejas puntiagudas y dedos interminables que salía de las sombras de un castillo de Transilvania. Un siglo después, «Nosferatu» es una de las películas más estudiadas y reconocibles de la historia del cine. Lo curioso es que, según la sentencia que dictó un tribunal alemán en 1925, hoy no debería existir ni una sola copia.

Esta es la historia de un estudio que solo hizo una película, de una viuda que defendió la obra de su marido hasta el final y de un vampiro que sobrevivió a la orden de destruirlo gracias a las copias que ya habían cruzado fronteras.

Un estudio nacido para lo sobrenatural

«Nosferatu» fue la primera y única producción de Prana Film, una pequeña compañía fundada en 1921 por el empresario Enrico Dieckmann y el artista Albin Grau. El nombre venía de una revista teosófica, que a su vez lo había tomado del concepto hindú de *prana*, la energía vital. No era una elección casual: Grau se interesó toda su vida por el ocultismo y quería que el estudio se especializara en temas sobrenaturales.

Según una anécdota que el propio Grau contaba y que hoy se considera dudosa, la idea del vampiro le vino en el invierno de 1916, en el frente de Serbia, cuando un campesino le aseguró que su padre había sido un vampiro. Fuera cierto o no, Grau dejó su huella en toda la película: diseñó los decorados, el vestuario y el maquillaje, caligrafió los rótulos y dirigió la campaña publicitaria. Más tarde llegó a decir que la película reflejaba la experiencia de la Primera Guerra Mundial.

Para dirigirla, Prana contrató a Friedrich Wilhelm Murnau, que cobró 25.000 marcos. El dinero procedía de inversores de Silesia sin experiencia en el negocio del cine, y el rodaje se hizo con recursos limitados: el director de fotografía, Fritz Arno Wagner, trabajó con una sola cámara, de modo que existía un único negativo original.

Drácula con otro nombre

La historia que querían contar ya estaba escrita. Era «Drácula», la novela que el irlandés Bram Stoker había publicado en 1897. El problema es que Prana no había comprado los derechos de adaptación.

El guionista Henrik Galeen recurrió a un disfraz bastante transparente. Trasladó la acción de Londres a Wisborg, una ciudad alemana imaginaria, y la situó en 1838. Cambió todos los nombres: Drácula pasó a ser Orlok; Jonathan Harker, Thomas Hutter; Mina, Ellen; Renfield, Knock; y Van Helsing se convirtió en el profesor Bulwer. También añadió algo que no está en la novela: el vampiro llega a Wisborg en un barco y trae consigo ratas y una epidemia de peste. Al final no lo derrota un cazador de vampiros, sino Ellen, que lo retiene a su lado hasta que amanece.

Buena parte de la película se rodó en exteriores reales, algo poco habitual en el cine alemán de la época. El rodaje empezó en julio de 1921 en Wismar, en la costa báltica. En Lübeck se filmaron la casa que Orlok compra en Wisborg, que en realidad era un viejo almacén de sal abandonado, y el cementerio de una iglesia. También hubo escenas en Lauenburg, Rostock y la isla de Sylt. Para Transilvania, el equipo viajó al norte de la actual Eslovaquia: los Altos Tatras y el castillo de Orava. Los interiores se rodaron en un estudio de Berlín-Johannisthal.

Un vampiro que muere al amanecer

«Nosferatu» introdujo una regla que hoy parece eterna. En la novela de Stoker, la luz del día incomoda a Drácula, pero no lo mata. Esta fue la primera película en la que un vampiro muere al recibir los rayos del sol. Lotte Eisner, historiadora del cine alemán y gran estudiosa de Murnau, señaló que esa muerte no aparece ni en la novela ni en el guion de Galeen, por lo que la idea se atribuye al propio director. Murnau reescribió 12 páginas que faltaban en su guion de trabajo, precisamente las del final.

El vampiro lo interpretó Max Schreck, un actor de teatro nacido en Berlín en 1879 que había trabajado en la compañía de Max Reinhardt y en los Kammerspiele de Múnich. Su apellido parece una broma del destino: *Schreck* significa «susto» o «espanto» en alemán. El papel se había ofrecido antes a Conrad Veidt, que lo rechazó por problemas de agenda.

Aunque hoy la conocemos sobre todo en blanco y negro, Murnau la concibió con las imágenes teñidas por colores según el momento del día: azul para la noche, sepia para los interiores de día, amarillo anaranjado para los interiores nocturnos y rosa para el amanecer. Las restauraciones modernas han recuperado esos tintes.

Una fiesta, una quiebra y una demanda

Prana lanzó la película a lo grande. Tras un estreno en los Países Bajos el 16 de febrero de 1922, la presentación alemana fue el 4 de marzo en el Marmorsaal, el salón de mármol del zoológico de Berlín. Se planteó como un acontecimiento social, «la fiesta de Nosferatu», con prólogo teatral, orquesta y un baile de disfraces al que se pidió a los invitados que acudieran con trajes de época Biedermeier. El estreno en cines llegó el 15 de marzo.

La crítica fue mayoritariamente favorable, aunque con reparos: un periódico opinó que el vampiro aparecía demasiado corpóreo y demasiado iluminado como para dar miedo. En taquilla, en cambio, fue un fracaso. La gran productora UFA se negó a programarla en sus salas principales, el dinero se había ido en la costosa campaña publicitaria y en los gastos de los socios, y en agosto de 1922 se abrió un procedimiento de quiebra contra Prana.

Mientras tanto, en Londres, Florence Stoker, viuda de Bram Stoker y heredera de sus derechos, recibió una carta anónima desde Berlín con el programa del estreno. El folleto describía la película como «adaptada libremente» de «Drácula». Ella no había dado permiso ni cobrado nada. Con el apoyo de la Sociedad de Autores británica, demandó al estudio. No hubo acuerdo, y en julio de 1925 un tribunal de Berlín dictó la sentencia definitiva: todos los negativos y todas las copias debían destruirse.

Florence Stoker vigiló el cumplimiento durante años. Cuando la London Film Society quiso proyectar una copia en Inglaterra, ella intervino; la copia se escondió y, cuando la sociedad volvió a intentarlo unos 4 años después, acabó destruida. La adaptación autorizada llegaría en 1931, cuando Universal, que había comprado los derechos por 40.000 dólares, estrenó su «Drácula».

Cómo sobrevivió el vampiro

La sentencia llegó tarde. La película ya se había vendido al extranjero y circulaban copias en varios países, con montajes y rótulos distintos: la versión francesa tenía 31 intertítulos frente a los 115 de la alemana. A finales de los años veinte volvieron a aparecer copias, y en 1930 se estrenó en Viena una versión sonorizada sin autorización, «Die zwölfte Stunde», con los personajes rebautizados y un final más amable.

La reconstrucción de la película original ha sido un trabajo de décadas. En 1981, el Filmmuseum de Múnich empezó a restaurarla combinando copias alemanas y francesas, con rótulos recuperados de una copia conservada en el archivo cinematográfico de la RDA. En 1984, el investigador Luciano Berriatúa encontró en la Cinémathèque française una copia de nitrato de primera generación, base de nuevas versiones teñidas. La restauración más completa, de 2005 y 2006, la hicieron Berriatúa y la Fundación Friedrich Wilhelm Murnau. Hoy la película es de dominio público.

Mito y realidad

Durante muchos años circuló el rumor de que Max Schreck no existía y que el nombre era un seudónimo del actor Alfred Abel. Es falso: Schreck tuvo una larga carrera teatral y cinematográfica, y murió en Múnich en 1936. En el año 2000, la película «La sombra del vampiro» jugó con esa leyenda y presentó a un Schreck que era un vampiro de verdad. Es pura ficción, aunque le valió a Willem Dafoe una nominación al Óscar al mejor actor de reparto.

Hay otro punto que las fuentes no cuentan igual: por qué quebró Prana. Unas apuntan al fracaso comercial y al derroche en publicidad; otras sostienen que el estudio se declaró en quiebra para no tener que pagar a la viuda de Stoker. Lo seguro es que «Nosferatu» fue su única película.

Su influencia, en cambio, no se discute. Werner Herzog la rehízo en 1979 con Klaus Kinski, y Robert Eggers estrenó su propia versión en diciembre de 2024. El cine de vampiros todavía obedece a la regla que inventó Murnau: cuando sale el sol, el monstruo se desvanece.

Más datos del folio

  • Exteriores en Wismar, Lübeck y otras ciudades; escenas de Transilvania en el norte de Eslovaquia, incluido el castillo de Orava
  • Primera película en mostrar a un vampiro muriendo por la luz del sol

En 1 minuto

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¿Lo habrías creído?

Tres datos de este folio. ¿Te los habrías creído si te los cuentan sin fuentes?

Estreno el 4 de marzo de 1922 en el Marmorsaal del Zoológico de Berlín (en Países Bajos se estrenó antes, el 16 de febrero)

✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.

Prana Film, fundada en 1921 por Enrico Dieckmann y el artista ocultista Albin Grau; Nosferatu fue su única producción y quebró poco después

✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.

Dirigida por F. W. Murnau, guion de Henrik Galeen; Drácula → Orlok, Harker → Hutter; ciudad ficticia de Wisborg

✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.

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