El MISTERIO del MARY CELESTE: el barco que apareció sin nadie a bordo (1872)
En diciembre de 1872, unos marineros encontraron un barco navegando a la deriva en mitad del Atlántico. Estaba en buen estado y con su carga intacta. Pero no había nadie a bordo.
Lo que vas a aprender
El 4 de diciembre de 1872, los marineros del bergantín canadiense Dei Gratia vieron un barco que navegaba de forma extraña en mitad del Atlántico, entre las Azores y la costa de Portugal. Al subir a bordo comprobaron que el Mary Celeste flotaba, conservaba su carga y tenía provisiones para meses. Lo único que faltaba eran las personas: el capitán, su mujer, su hija de 2 años y siete tripulantes. Tampoco estaba el bote salvavidas.
Más de 150 años después, nadie sabe con certeza qué les ocurrió. El caso se ha convertido en el gran misterio del mar, en parte por lo que sucedió de verdad y en parte por lo que se le añadió después, empezando por un relato de ficción de un joven Arthur Conan Doyle.
Un barco con historia
El Mary Celeste no se llamó así desde el principio. Su quilla se puso a finales de 1860 en un astillero de Spencers Island, en Nueva Escocia (Canadá), y el 18 de mayo de 1861 se botó con el nombre de Amazon. Su primer capitán, Robert McLellan, que era también uno de sus nueve copropietarios, enfermó durante el viaje inaugural y murió el 19 de junio de ese año.
En octubre de 1867, el Amazon encalló cerca de la isla de Cabo Bretón y se vendió como pecio. Un comprador estadounidense, Richard W. Haines, lo reparó y en diciembre de 1868 lo registró en Nueva York con su nuevo nombre. Poco después pasó a manos de un grupo de inversores encabezado por James H. Winchester. Para entonces, uno de los socios era su nuevo capitán: Benjamin Spooner Briggs, de Marion (Massachusetts), que tenía 4 de las 12 participaciones del barco.
El último viaje
El 7 de noviembre de 1872, el Mary Celeste zarpó de Nueva York rumbo a Génova con 1.701 barriles de alcohol industrial. Iban a bordo diez personas: Briggs, su mujer, Sarah, su hija Sophia, de 2 años, y siete tripulantes. El hijo mayor del matrimonio, Arthur, de unos 7 años, se quedó en casa con su abuela.
Ocho días después salió del mismo puerto el Dei Gratia, al mando del capitán David Morehouse. La última anotación en el diario de a bordo del Mary Celeste está fechada el 25 de noviembre, cerca de la isla de Santa María, en las Azores, tras unas dos semanas de mal tiempo. A partir de ahí, nadie volvió a saber de sus diez ocupantes.
Nadie a bordo
Nueve días más tarde, hacia la una de la tarde, el Dei Gratia encontró el Mary Celeste a la deriva, a unas 400 millas al este de las Azores. El primer oficial, Oliver Deveau, y el segundo, John Wright, subieron a bordo. Según su testimonio, las velas estaban parcialmente desplegadas y dañadas, y la jarcia, suelta. La caja de la bitácora, donde va la brújula, se había movido y tenía el cristal roto. En la bodega había casi un metro de agua (unos 3,5 pies), una cantidad importante pero no alarmante. En cubierta había una sonda improvisada, la vara con la que se mide el agua acumulada. Faltaban los instrumentos de navegación del capitán y casi todos los documentos del barco, salvo el diario. Y no estaba el bote.
Morehouse decidió llevar el barco abandonado a Gibraltar, con Deveau y una pequeña tripulación a bordo. Si lo conseguían, podían reclamar un premio de salvamento, que en el derecho marítimo es una parte del valor de lo rescatado. Llegaron el 13 de diciembre.
Gibraltar: sospechas sin pruebas
Las vistas del caso de salvamento empezaron el 17 de diciembre, ante el juez Sir James Cochrane. El fiscal general de Gibraltar, Frederick Solly-Flood, estaba convencido de que había habido un crimen. Su teoría era que la tripulación se había emborrachado con el alcohol de la carga y había asesinado al capitán, a su familia y a los oficiales.
Los inspectores encontraron unos cortes en la proa que creyeron hechos a propósito, y unas manchas en la espada del capitán y en una barandilla que podían ser sangre. Pero el análisis posterior concluyó que no lo eran, y un capitán de la Marina estadounidense, Robert Shufeldt, atribuyó las marcas de la proa a la acción natural del mar. Además, el alcohol era desnaturalizado, no apto para beber, y al descargar en Génova solo había 9 barriles vacíos de 1.701, una pérdida considerada normal. No faltaban objetos de valor ni había huellas de saqueo. Nada sostenía la idea del motín.
Las sospechas rozaron también a los marineros del Dei Gratia, que se jugaban el premio. Tampoco se demostró nada. El barco se liberó el 25 de febrero de 1873 y, el 8 de abril, el tribunal concedió a sus rescatadores 1.700 libras, alrededor de una quinta parte del valor del barco y la carga. La cifra era baja, y el juez criticó la actuación de Morehouse.
Qué pudo pasar: lo que todavía se discute
Como nadie sobrevivió para contarlo, todas las explicaciones son hipótesis. Las que más peso tienen hoy parten de una idea sencilla: Briggs ordenó abandonar el barco porque creyó, quizá equivocadamente, que corría peligro, y el bote se perdió en el mar con todos a bordo.
¿Qué pudo asustarle? Una posibilidad es que pensara que el barco se estaba hundiendo. La sonda improvisada encontrada en cubierta sugiere que alguien estaba midiendo el agua de la bodega. Un documental del canal Smithsonian de 2007 propuso que las bombas de achique estaban atascadas, posiblemente por polvo de carbón de un viaje anterior, y que un cronómetro defectuoso pudo hacer creer al capitán que estaba más cerca de tierra de lo que estaba. El propio Deveau planteó que una tromba marina pudo provocar una lectura falsa del nivel del agua.
La otra gran hipótesis es el alcohol. Los vapores de la carga pudieron acumularse en la bodega y provocar una pequeña explosión, o el temor a ella, suficiente para que la tripulación se refugiara en el bote. El problema es que en el barco no había rastro de fuego. En 2006, el químico Andrea Sella, del University College de Londres, recreó la bodega a escala para un documental y mostró que una explosión de ese tipo puede ser una onda de presión que no deja quemaduras. En 2026, dos químicos de la Universidad de Manchester, Jack Rowbotham y Frank Mair, repitieron la idea con una maqueta para otro documental y la consideraron una explicación «muy convincente». Son demostraciones televisivas, no pruebas, pero explican por qué la teoría sigue viva. Otras propuestas, como un maremoto submarino, un iceberg o un calamar gigante, tienen muchos más problemas.
Conan Doyle, la «Marie Celeste» y un final de estafa
Buena parte de la fama del caso se debe a un relato publicado sin firma en enero de 1884 en The Cornhill Magazine: «J. Habakuk Jephson's Statement», obra de un Arthur Conan Doyle de 24 años que aún no había creado a Sherlock Holmes. En él, el barco se llamaba «Marie Celeste», y mucha gente leyó la historia como un testimonio real. Esa grafía sigue siendo hoy más común que la auténtica, y muchos detalles que se repiten como hechos, como el té todavía caliente en la mesa o la comida a medio servir, proceden de esta y de otras ficciones posteriores. Doyle volvió sobre el caso años después: en «La aventura del vampiro de Sussex», Holmes menciona un barco llamado «Matilda Briggs», y Sophia Matilda era el nombre completo de la hija del capitán.
También es dudosa la famosa cena en la que Briggs y Morehouse, que se conocían, habrían charlado antes de zarpar. Solo se apoya en un recuerdo de la viuda de Morehouse contado unos 50 años después. Y la fecha del hallazgo aparece como 4 o 5 de diciembre según la fuente, por la forma en que se contaban los días a bordo.
El barco siguió navegando más de una década con otros dueños. Su final fue de todo menos misterioso: en 1884, el capitán Gilman Parker y unos cargadores de Boston aseguraron por 30.000 dólares una carga casi sin valor, y el 3 de enero de 1885 Parker lo hizo encallar a propósito en el banco de Rochelois, cerca de la isla haitiana de La Gonâve. El fraude se descubrió. En el juicio de Boston, el jurado no llegó a un veredicto, pero los acusados acabaron devolviendo lo cobrado.
En 2001, una expedición del novelista Clive Cussler anunció que había encontrado los restos del Mary Celeste en ese arrecife. El análisis de los anillos de la madera, a cargo del investigador Scott St. George, mostró que procedía de árboles que seguían vivos hacia 1894, casi diez años después del naufragio. No era el Mary Celeste. Ni siquiera sus restos se han encontrado.
Más datos del folio
- Investigación en Gibraltar sin pruebas de violencia; teoría de que Briggs creyó que el barco se hundía
- Relato de ficción de Arthur Conan Doyle «J. Habakuk Jephson's Statement» (1884, anónimo) sobre la "Marie Celeste"
En 1 minuto
El barco fantasma MARY CELESTE: el creador de Sherlock Holmes inventó parte del misterio: lo que cuenta este Short, con más detalle
¿Lo habrías creído?
Tres datos de este folio. ¿Te los habrías creído si te los cuentan sin fuentes?
Zarpó de Nueva York hacia Génova en noviembre de 1872 con alcohol; 10 personas a bordo, incluidos el capitán Benjamin Briggs, su mujer y su hija de 2 años
✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.
Última anotación del cuaderno el 25 de noviembre cerca de las Azores; hallado por el Dei Gratia unos 10 días después (4 de diciembre de 1872)
✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.
Barco navegable, carga casi intacta, faltaba el bote salvavidas
✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.
Para saber más
- Ghost Ship: The Mysterious True Story of the Mary Celeste and Her Missing Crew, Brian Hicks — Una reconstrucción detallada (2004) de la historia del barco, de la familia Briggs y de la tripulación, que defiende una explicación basada en el error humano y la mala suerte.
- Mary Celeste: The Greatest Mystery of the Sea, Paul Begg — Repasa las teorías con espíritu crítico (2005) e incluye la transcripción de las vistas de Gibraltar y el relato de Conan Doyle.
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