H. H. HOLMES: el estafador de Chicago y la verdad sobre su famoso edificio (1893)
Seguro que has oído hablar de él. Un edificio en Chicago lleno de pasadizos secretos, trampillas y habitaciones sin salida. Y un asesino que, según la leyenda, mató allí a doscientas personas.
Lo que vas a aprender
Basta buscar su nombre en internet para encontrar la versión de leyenda: un hotel laberíntico levantado en Chicago para la Exposición Universal de 1893, lleno de trampillas, pasadizos y cámaras secretas, y un doctor que habría atraído allí a cientos de visitantes que nunca volvieron a salir. Herman Webster Mudgett, el hombre que se hacía llamar H. H. Holmes, existió y fue un criminal condenado. Pero casi todo lo que hace célebre esa versión se inventó después.
Si se vuelve a los documentos de la época, aparece otra figura, menos cinematográfica y más inquietante por lo cotidiana: un estafador profesional que vivió durante años de engañar a aseguradoras, proveedores, socios y esposas, y que llegó a matar cuando sus fraudes estaban a punto de descubrirse.
Un estudiante de medicina con muchos nombres
Mudgett nació el 16 de mayo de 1861 en Gilmanton, un pueblo de New Hampshire. Estudió un año en la Universidad de Vermont y en 1882 pasó al departamento de medicina de la Universidad de Michigan, donde se licenció en junio de 1884 con notas mediocres. Él mismo admitió más tarde que, siendo estudiante, había usado cadáveres para estafar a compañías de seguros de vida: un anticipo del negocio al que dedicaría el resto de su vida.
En 1886 llegó a Chicago y empezó a usar el nombre de Henry Howard Holmes, uno de los muchos alias que manejó. Su vida sentimental seguía la misma lógica. Se había casado con Clara Lovering en 1878; a finales de 1886 se casó en Minneapolis con Myrta Belknap sin haberse divorciado, y en enero de 1894, en Denver, con Georgiana Yoke, cuando seguía legalmente casado con las dos anteriores.
Englewood: una farmacia y un edificio sin pagar
En Chicago, Holmes encontró trabajo en una farmacia del barrio de Englewood, propiedad de Elizabeth Holton, y acabó quedándose con el negocio. En 1887 empezó a construir un edificio en la esquina de la calle 63 con Wallace. La planta baja estaba pensada para tiendas, incluida la farmacia, y la segunda para viviendas de alquiler. Pagar, pagaba poco: en 1888 los arquitectos y una empresa siderúrgica ya lo habían demandado por facturas pendientes.
En 1892 añadió una tercera planta y les contó a inversores y proveedores que sería un hotel para la gran cita que se avecinaba. Chicago iba a celebrar el cuarto centenario del viaje de Colón con la Exposición Mundial Colombina, abierta del 1 de mayo al 30 de octubre de 1893 y visitada por más de 27 millones de personas. Su recinto, con los edificios cubiertos de un estuco blanco, se ganó el apodo de «la Ciudad Blanca».
Según el historiador Adam Selzer, aquel edificio no fue un hotel en el sentido actual: no tenía recepción, vestíbulo ni botones, y no está claro que la tercera planta llegara a alquilarse. Era un inmueble de tamaño mediano, bastante corriente y sin terminar, por las disputas constantes con los constructores. Las habitaciones ocultas sí existían, pero la ciudad ya las conocía antes de que abriera la Exposición. En marzo de 1893, el *Chicago Tribune* publicó un amplio artículo sobre ellas después de que se descubriera para qué servían: Holmes escondía allí los muebles que compraba a crédito y nunca pagaba, para que los acreedores no los encontraran. Durante la feria intentó, además, quemar el edificio para cobrar el seguro.
1894: el fraude que lo delató
En julio de 1894, Holmes pasó unos días en una cárcel de San Luis (Misuri) por vender bienes hipotecados. Allí conoció a Marion Hedgepeth, un forajido que cumplía una condena de 25 años, y le ofreció una comisión de 500 dólares a cambio del nombre de un abogado de confianza para un plan: fingir su propia muerte y cobrar un seguro de 10.000 dólares. La aseguradora sospechó y no pagó.
Holmes repitió la idea con su socio de fraudes, el carpintero Benjamin Pitezel. El plan consistía en simular su muerte para cobrar una póliza de 10.000 dólares de la Fidelity Mutual. Pero Pitezel apareció muerto de verdad en Filadelfia el 4 de septiembre de 1894: Holmes lo había matado, y el abogado presentó la reclamación. Hedgepeth acabó informando sobre Holmes a las autoridades, algo por lo que más tarde fue indultado.
Los detectives de la agencia privada Pinkerton siguieron el rastro de Holmes desde Filadelfia hasta Boston, donde lo detuvieron el 17 de noviembre de 1894. La primera acusación que se usó para retenerlo fue una orden pendiente por robo de caballos en Texas.
Un detective tras una pista fría
Faltaba una pieza. Tres de los hijos de Pitezel habían viajado con Holmes, y nadie sabía dónde estaban. El detective Frank Geyer, de la policía de Filadelfia, reconstruyó su recorrido por Estados Unidos y Canadá, ciudad por ciudad. En julio de 1895 su búsqueda terminó con la peor noticia posible: los niños tampoco habían sobrevivido.
A raíz de aquello, la policía de Chicago y los periodistas registraron el edificio de Englewood. No encontraron pruebas que permitieran condenarlo en Chicago, así que el juicio se celebró en Filadelfia por el asesinato de Pitezel, el caso con más posibilidades de prosperar. Holmes fue declarado culpable en octubre de 1895 y ejecutado el 7 de mayo de 1896 en la prisión de Moyamensing. En 2017, un equipo dirigido por la antropóloga Janet Monge exhumó sus restos y confirmó su identidad por la dentadura.
Cómo se fabricó el «castillo»
La leyenda empezó a formarse mientras se registraba el edificio. Durante aproximadamente una semana de 1895, la prensa atribuyó un uso siniestro a cualquier objeto que aparecía, desde una cuerda hasta una mesa vieja o unas cenizas en una estufa. La mayoría de esas afirmaciones se desmintieron enseguida, pero los desmentidos circularon mucho menos que los titulares. Fue la época dorada del periodismo amarillo, y el edificio pasó a ser «el castillo».
El propio Holmes alimentó el mito. Los periódicos de William Randolph Hearst le pagaron 7.500 dólares por una confesión en la que se atribuía 27 asesinatos. Algunas de las personas que mencionaba estaban vivas.
Las cifras de cientos de víctimas, según Selzer, aparecieron por primera vez en un par de revistas *pulp* de los años treinta y entonces nadie se las tomó en serio. Algunos relatos posteriores llegaron a hablar de hasta 133. El impulso definitivo llegó en 2003 con «The Devil in the White City» («El diablo en la Ciudad Blanca»), el superventas de Erik Larson. El propio Larson reconoce en sus notas que los capítulos sobre los crímenes de Holmes son en buena medida conjeturas construidas sobre unos pocos hechos, y los críticos de *Newsweek* y *The New York Times* ya señalaron que su imaginación iba más allá de las fuentes.
Qué es mito y qué no
Es real que Holmes fue un estafador de larga trayectoria: fraudes a aseguradoras, deudas impagadas, bigamia y una cadena de negocios ficticios. Es real que mató a Benjamin Pitezel para cobrar un seguro y que fue condenado y ejecutado por ello. Y es real que el edificio tenía cuartos escondidos y un diseño irregular, aunque los registros apuntan a que servía para el fraude.
Es mito el hotel diseñado como una trampa para los visitantes de la Exposición, igual que las cámaras de tortura del sótano, que Selzer atribuye a un «teléfono escacharrado» de rumores repetidos. También lo son las 200 víctimas, una cifra sin base documental.
Lo que todavía se discute es el número exacto. Las fuentes que siguen la documentación confirman 8 víctimas y consideran probable una novena, y el recuento cambia según el criterio de cada historiador. Nueve vidas ya son una tragedia; la leyenda nunca necesitó inventar más. El edificio, por cierto, sufrió un incendio en agosto de 1895, siguió en uso durante décadas y fue derribado en 1938. En su solar hay hoy una oficina de correos.
Más datos del folio
- Edificio de tres plantas en la calle 63 (Englewood, Chicago); tercera planta añadida en 1892 con la promesa de un hotel para la Exposición de 1893
- Las habitaciones ocultas servían para esconder muebles comprados a crédito; el diseño irregular se debía al fraude; el historiador Adam Selzer ha desmontado muchas exageraciones
En 1 minuto
La VERDAD sobre las habitaciones secretas de H. H. Holmes, el estafador de Chicago: lo que cuenta este Short, con más detalle
¿Lo habrías creído?
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Nombre real Herman Webster Mudgett, nacido el 16 de mayo de 1861 en Gilmanton (New Hampshire); usó alias como "Dr. Henry Howard Holmes"
✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.
Se licenció en medicina por la Universidad de Michigan
✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.
Estafador: fraude a aseguradoras, falsificación, bigamia (tres o cuatro matrimonios), robo de caballos
✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.
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