La «VAMPIRA» de Barcelona: lo que la prensa inventó sobre Enriqueta Martí (1912)
Una vecina mira por una ventana de Barcelona… y ve a una niña con el pelo cortado casi al cero. Una niña que no es de allí.
Lo que vas a aprender
Durante cien años, Barcelona contó la historia de Enriqueta Martí como la de un monstruo: una mujer del Raval que secuestraba niños, los mataba y fabricaba con sus restos ungüentos para clientes ricos. Esa versión llenó periódicos, libros, obras de teatro y hasta un musical. Pero Enriqueta Martí nunca llegó a juicio, nunca fue acusada formalmente de asesinato y en su casa no apareció el cuerpo de ningún niño.
Este expediente separa las dos historias. Por un lado, lo que contaron la policía y la prensa en 1912. Por otro, lo que encontraron quienes, casi un siglo después, volvieron a las actas judiciales, los registros y las hemerotecas. Lo único que hoy se considera probado es un delito grave: el secuestro de una niña que, por fortuna, volvió viva con su familia.
Quién era Enriqueta Martí
Nació en Sant Feliu de Llobregat; la fecha varía según las fuentes, entre 1868 y 1872. Llegó joven a Barcelona, trabajó como niñera y, según las biografías, ejerció la prostitución. En 1895 se casó con un pintor, Joan Pujaló, del que se separó y con el que se reconcilió varias veces. No tuvieron hijos. Cuando la detuvieron, en 1912, vivían separados desde hacía más de cinco años.
Vivía de lo que podía, sobre todo de la mendicidad, una actividad muy extendida en la Barcelona de la época. Y tenía antecedentes: en 1909 la habían detenido por regentar un burdel, aunque aquel caso nunca llegó a juicio.
La ventana de la calle de Poniente
El 10 de febrero de 1912 desapareció en Barcelona una niña de unos cinco años. Se la buscó durante cerca de dos semanas. El 17 de febrero, una vecina de la calle de Poniente, hoy Joaquín Costa, vio en una ventana del número 29 a una niña con el pelo rapado. Según la Wikipedia en español, cuando preguntó, le cerraron la ventana. La vecina se lo contó a un colchonero, que avisó a un guardia municipal, y este a su jefe, el brigada Ribot.
El 27 de febrero, los agentes entraron en el entresuelo con el pretexto de una denuncia por tener gallinas. Dentro había dos niñas vivas. Una era la que buscaba la ciudad, y volvió con su familia. Enriqueta Martí fue detenida.
Sobre la otra niña, ella dio versiones contradictorias. Dijo que era hija suya y de Pujaló, pero un examen médico concluyó que nunca había dado a luz. La historiadora Elsa Plaza sostiene que era su sobrina.
Lo que la policía dijo que había en el piso
A partir de aquí, el relato de 1912 se dispara. Según las versiones que recogen todavía las enciclopedias, en el piso aparecieron un saco con ropa infantil manchada de sangre, un cuchillo, huesos pequeños con señales de fuego, frascos con restos y pociones, libros antiguos de remedios y una lista de nombres de familias conocidas de Barcelona. Después se registraron otras viviendas que ella había ocupado en las calles de Tallers, Picalquers y Jocs Florals, y la casa familiar de Sant Feliu, y la prensa habló de restos humanos escondidos en paredes y jardines.
Esa es la versión policial y periodística, la que forjó la leyenda. Los propios hallazgos se fueron desmontando casi sobre la marcha.
Lo que dijeron los forenses
El punto clave son los huesos. Según el escritor Jordi Corominas, que revisó la prensa de aquel año, los forenses aclararon que los huesos eran de animales. Cuando se anunció que los de la calle de Picalquers pertenecían a varios animales y no a niños, los periodistas presentes llegaron casi a encararse con el médico, según la Wikipedia en inglés. Los periódicos apenas recogieron la rectificación y algunos acusaron a los médicos de informar mal. Elsa Plaza añade que un peritaje atribuyó algunos restos a una persona adulta de unos 25 años, y apunta a que pudieron proceder de un cementerio.
Hay que dejar constancia de la discrepancia: la Wikipedia en inglés y la catalana afirman que los forenses llegaron a distinguir restos de doce niños. Plaza y Corominas, que trabajaron con la documentación, sostienen que no hay prueba de ningún asesinato. Ninguna de esas supuestas muertes llegó a juzgarse.
La sangre de la ropa tiene también una explicación más prosaica. Enriqueta Martí padecía un cáncer de útero, que provoca hemorragias, y tanto Corominas como Plaza consideran probable que las manchas fueran suyas. En cuanto a la lista de nombres, el diario ABC publicó en su día que eran personas a las que ella pedía limosna, no clientes.
Un proceso que no terminó
La llevaron a la cárcel de mujeres de Reina Amàlia, en el Raval. Estuvo allí más de un año, con el caso todavía en fase de instrucción. Su abogado alegó, según Plaza, un trastorno ligado a su imposibilidad de ser madre. Los motivos del secuestro siguen sin conocerse.
Murió en la cárcel la madrugada del 12 de mayo de 1913. El certificado de defunción habla de una larga enfermedad, probablemente el cáncer de útero. La versión popular, que han repetido incluso medios serios, sostiene que la mataron otras presas en el patio. No hay prueba de ello, y Plaza la descarta. Fue enterrada en la fosa común del cementerio de Montjuïc.
La investigación de Elsa Plaza
La escritora Elsa Plaza dedicó años al caso. Primero lo novelizó en «El cielo bajo los pies» (2009) y en 2014 publicó el ensayo «Desmontando el caso de la vampira del Raval. Misoginia y clasismo en la Barcelona modernista». Según la reseña de Patricia Mergal en la revista «Social and Education History», Plaza trabajó con la prensa de la época, actas judiciales, cartas y registros.
Sus conclusiones van más allá de los huesos. Plaza señala irregularidades en la actuación policial, como un robo en la casa de la detenida y la aparición posterior de nuevas pruebas en el piso. Y aporta un documento que cambia el foco: el registro de diligencias de los juzgados de guardia de Barcelona en 1912, con 236 entradas por violaciones, abusos, raptos, desapariciones y abandonos de menores. Para Plaza, Enriqueta Martí sirvió de cortina de humo: un culpable perfecto al que atribuir todas las desapariciones infantiles de una ciudad en la que la explotación de niños era real y mucho más extendida.
Un chivo expiatorio
Plaza y Corominas coinciden en lo esencial. Enriqueta Martí fue una mujer pobre, enferma y marginada que cometió un secuestro, y sobre ella se proyectaron todos los miedos de la Barcelona de 1912. Corominas la describe como paradigma de una Barcelona pobre y desesperada, más que como una asesina. Eso no la convierte en inocente: el secuestro de la niña está documentado, y sus antecedentes de 1909 también.
Lo que no está documentado es la «vampira». Ni los asesinatos, ni los ungüentos, ni la red de clientes poderosos. La leyenda nació en las redacciones y en las comisarías, y sobrevivió porque nadie se molestó en rectificarla.
Más datos del folio
- La prensa la llamó «la vampira de la calle de Poniente», «de Barcelona» y «del Raval»; la acusó de secuestrar niños, prostituirlos y elaborar remedios con sus restos; algunos diarios hablaron de unos 40 niños
- Se encontró una lista de nombres que alimentó habladurías sobre clientes poderosos; el diario ABC publicó que eran personas a las que pedía limosna
En 1 minuto
Así INVENTÓ la prensa a la «vampira» de Barcelona (1912): lo que cuenta este Short, con más detalle
¿Lo habrías creído?
Tres datos de este folio. ¿Te los habrías creído si te los cuentan sin fuentes?
Una niña de unos cinco años desapareció en Barcelona el 10 de febrero de 1912 y se la buscó durante unas dos semanas
✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.
El 17 de febrero la vecina Claudia Elías vio a una niña con el pelo rapado en el número 29 de la calle de Poniente (carrer de Ponent, hoy Joaquín Costa); se lo contó a un colchonero, que avisó al agente municipal José Asens, y este a su jefe, el brigada Ribot
✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.
El 27 de febrero de 1912 los agentes de Ribot entraron en el entresuelo con el pretexto de una denuncia por tener gallinas; hallaron a dos niñas y Enriqueta Martí fue detenida
✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.
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