El LADRÓN que hizo FAMOSA a la Mona Lisa: la verdad del hurto del Louvre (1911)
Miles de personas, en el Louvre, mirando una pared vacía. Solo cuatro ganchos. Allí había estado la Mona Lisa.
Lo que vas a aprender
El 21 de agosto de 1911, un antiguo empleado del Louvre se llevó la Mona Lisa y la tuvo más de dos años escondida en un baúl, en un piso de París. Es uno de los robos de arte más famosos de la historia, y precisamente por eso ha acumulado capas de leyenda: que el ladrón salió con el cuadro bajo la ropa, que actuó por amor a Italia, que detrás había un marqués estafador con seis copias falsas.
Este expediente repasa el caso pieza a pieza para separar lo que está documentado de lo que se ha ido añadiendo. Algunas versiones resisten. Otras no aguantan ni una regla de medir.
El golpe, en pocas líneas
Aquel 21 de agosto era lunes, el día de cierre semanal del museo. Hacia las siete de la mañana, Vincenzo Peruggia, un italiano nacido en Dumenza en 1881 que había trabajado en el Louvre, entró por la puerta del personal con una bata blanca como la que llevaban los empleados. Conocía bien el cuadro: había ayudado a construir la vitrina de cristal que lo protegía.
Cuando el Salón Cuadrado se quedó vacío, descolgó la Mona Lisa de sus cuatro ganchos de hierro, la llevó a una escalera de servicio y allí le quitó la vitrina y el marco, que escondió entre obras de estudiantes almacenadas en el rellano. Después fue a una puerta de salida cerrada con llave. Un fontanero del museo, que lo tomó por un compañero, se la abrió.
Nadie echó de menos el cuadro en más de veinticuatro horas, porque era normal descolgar obras para fotografiarlas o restaurarlas. Lo descubrió al día siguiente un pintor que había ido a copiarla. El museo cerró una semana.
Mito 1: salió con el cuadro bajo la bata
Es la imagen más repetida: el ladrón cruzando el museo con la Mona Lisa escondida bajo la bata. Las medidas la desmienten. La tabla mide unos 53 por 77 centímetros, y Peruggia medía alrededor de 1,60 metros. Un panel de madera de ese tamaño no cabía bajo una bata sin que se notara. Cómo la sacó exactamente sigue sin estar claro, pero la versión de la bata se considera poco plausible.
Mito 2: un patriota que la devolvía a casa
Tras su detención, Peruggia contó una historia noble: Napoleón había robado el cuadro a Italia y él solo quería devolverlo. En el juicio llegó a decir que era italiano y que no quería que el cuadro volviera al Louvre.
El argumento tiene dos problemas. El primero es histórico: el cuadro no llegó a Francia con Napoleón. Lo compró el rey Francisco I en 1518, casi tres siglos antes. El segundo es su propia conducta. Un patriota podía haberlo donado a un museo italiano; Peruggia intentó venderlo. Viajó a Londres para ofrecérselo al marchante Joseph Duveen, que se rio de él. En una carta a su padre de diciembre de 1911 escribió que París era el lugar donde haría fortuna. Y cuando por fin contactó con el anticuario florentino Alfredo Geri, firmando como «Leonardo V.», esperaba una recompensa.
Geri acudió a la cita con Giovanni Poggi, director de los Uffizi. Los dos comprobaron que la tabla era auténtica, se quedaron con ella para ponerla a salvo y avisaron a la policía, que detuvo a Peruggia en su hotel en diciembre de 1913, el 11 o el 12 según la fuente.
Los sospechosos equivocados
Mientras tanto, la investigación francesa fue de tropiezo en tropiezo. El 7 de septiembre de 1911 la policía detuvo al poeta Guillaume Apollinaire, porque su antiguo secretario, Géry Pieret, había robado estatuillas del Louvre. El caso salpicó a un amigo suyo, el pintor Pablo Picasso, que había comprado algunas de aquellas piezas y fue interrogado. Apollinaire pasó alrededor de una semana en la cárcel. Ninguno de los dos tenía nada que ver con la Mona Lisa.
El verdadero ladrón estaba mucho más a mano. La policía lo interrogó dos veces en su piso sin considerarlo sospechoso. Peruggia había dejado una huella del pulgar en el cristal de la vitrina, y sus huellas y su fotografía estaban en los archivos policiales por una detención anterior, de 1909. Pero, según el relato más difundido, a él no le tomaron las huellas con el resto del personal del museo y nadie cotejó su nombre.
Mito 3: el marqués de Valfierno y las seis copias
La versión más novelesca llegó en 1932. El periodista Karl Decker publicó en *The Saturday Evening Post* que el verdadero cerebro del robo era un estafador argentino que se hacía llamar marqués de Valfierno. Según Decker, Valfierno había encargado a un restaurador y falsificador, Yves Chaudron, seis copias del cuadro y las había vendido a coleccionistas, cada uno convencido de tener el original. El robo serviría para dar credibilidad a las falsificaciones.
La historia tiene un fallo de fondo: el artículo de Decker es la única fuente, no solo del plan, sino de la existencia misma de Valfierno y de Chaudron. Decker era conocido por tomarse libertades, y en el texto se equivoca en datos comprobables como el tamaño del cuadro, su peso o el tipo de madera. Más de un siglo después, ninguna de las seis copias ha aparecido. Peruggia, por su parte, negó conocer a Valfierno más allá de un encuentro casual.
Eso no ha impedido que la leyenda prospere en la ficción. El escritor argentino Martín Caparrós la convirtió en novela, *Valfierno*, con la que ganó el Premio Planeta argentino en 2004.
El juicio y el olvido
El cuadro recorrió Italia, se expuso más de dos semanas en los Uffizi y volvió al Louvre el 4 de enero de 1914. Peruggia fue juzgado en Italia, donde muchos lo vieron como un héroe. El tribunal aceptó en parte el motivo patriótico y lo condenó a un año y quince días; tras la apelación, cumplió unos siete meses, aunque algunas fuentes hablan de seis.
Después luchó en la Primera Guerra Mundial, pasó dos años como prisionero de los austrohúngaros y acabó volviendo a Francia, donde trabajó como pintor decorador con el nombre de Pietro Peruggia. Murió de un infarto el 8 de octubre de 1925, el día de su 44 cumpleaños, en Saint-Maur-des-Fossés. Su muerte pasó casi inadvertida. Las necrológicas llegaron en 1947, por error, cuando murió en Francia otro hombre con su mismo nombre.
Qué es mito y qué no
Es cierto que Peruggia era un antiguo empleado, que entró con bata un lunes de cierre, que un fontanero le abrió la puerta, que el robo tardó más de un día en notarse y que guardó el cuadro unos dos años antes de intentar venderlo en Florencia. Apollinaire y Picasso fueron sospechosos, pero inocentes. Es muy poco plausible que sacara el cuadro bajo la bata, su patriotismo choca con su intento de venta y lo de Napoleón es falso. La trama de Valfierno y las seis copias descansa en un solo artículo de 1932 sin ninguna confirmación.
Más datos del folio
- El Louvre estuvo una semana cerrado por la investigación
- Al reabrir, multitudes fueron a mirar la pared vacía y los ganchos
En 1 minuto
Miles de personas hicieron COLA para ver un HUECO vacío: la Mona Lisa (1911): lo que cuenta este Short, con más detalle
¿Lo habrías creído?
Tres datos de este folio. ¿Te los habrías creído si te los cuentan sin fuentes?
El 21 de agosto de 1911, lunes, día de cierre semanal del Louvre, Peruggia entró hacia las 7 de la mañana con una bata blanca como la del personal; descolgó el cuadro de sus cuatro ganchos de hierro en el Salón Cuadrado, le quitó marco y vitrina en una escalera de servicio y salió por una puerta que le abrió un fontanero
✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.
Peruggia, italiano nacido en Dumenza en 1881, había trabajado en el Louvre y ayudó a construir la vitrina de cristal del cuadro
✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.
Nadie notó la falta durante más de 24 horas porque era habitual descolgar cuadros para fotografiarlos o restaurarlos; lo descubrió al día siguiente un pintor que iba a copiarlo
✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.
Para saber más
- Vanished Smile: The Mysterious Theft of Mona Lisa, R. A. Scotti — Reconstrucción periodística del robo, de los sospechosos y de los dos años sin cuadro (Alfred A. Knopf, 2009; en inglés).
- Valfierno, Martín Caparrós — Novela, no ensayo: imagina la vida del supuesto marqués a partir de la leyenda de las copias (Planeta, 2004).
¿Abrimos el próximo folio?
Cada folio lleva horas de archivo y fuentes. Folio 13 es gratis y sin muros de pago: si te ha gustado, puedes ayudarnos a seguir.
¿Qué te ha parecido este folio?
Las opiniones se revisan antes de publicarse. No pedimos correo ni cuenta.