El EVENTO CARRINGTON: la tormenta solar de 1859 que incendió los telégrafos
En septiembre de 1859, el cielo se iluminó de colores hasta en el Caribe. Los telégrafos echaban chispas, el papel ardía y algunos operadores recibieron descargas. Fue la mayor tormenta solar de la historia registrada.
Lo que vas a aprender
A finales de agosto y principios de septiembre de 1859, el cielo nocturno se llenó de luces de colores en lugares donde casi nadie había visto nunca una aurora: Cuba, Hawái, el centro de México, Colombia. En las Montañas Rocosas, unos mineros se levantaron a preparar el desayuno convencidos de que ya amanecía. Mientras tanto, en las oficinas de telégrafo de Europa y Norteamérica saltaban chispas, los aparatos fallaban y algunos operadores recibían descargas.
Fue la tormenta geomagnética más intensa de la que hay registro. Hoy se la conoce como evento Carrington, por el astrónomo inglés que, horas antes, había visto en el Sol algo que nadie había descrito hasta entonces.
Un astrónomo dibujando manchas
Richard Christopher Carrington tenía 33 años y era hijo de un cervecero acomodado de Brentford, cerca de Londres. Había montado su propio observatorio privado en Redhill, en el condado de Surrey, y se dedicaba con un rigor casi obsesivo a registrar las manchas solares. De ese trabajo saldrían aportaciones duraderas: demostró que el Sol no gira como un cuerpo rígido, sino más deprisa en el ecuador que cerca de los polos, y su sistema para contar las rotaciones solares, la «rotación de Carrington», se sigue usando.
El 1 de septiembre de 1859, poco antes del mediodía, estaba dibujando un gran grupo de manchas cuando surgieron de pronto dos puntos de luz blanca y deslumbrante. El fenómeno duró unos cinco minutos. Por suerte, otro astrónomo británico, Richard Hodgson, lo había visto desde su casa de forma independiente. Ambos presentaron sus observaciones en noviembre ante la Real Sociedad Astronómica. Era la primera descripción registrada de una fulguración solar.
La aguja que tembló en Kew
A pocos kilómetros, en el observatorio de Kew, unos magnetómetros registraban de forma continua el campo magnético terrestre. Justo a la hora del destello, las agujas dieron un pequeño salto, que anotó el físico escocés Balfour Stewart. Hoy se sabe que la radiación de la fulguración alteró la parte alta de la atmósfera y produjo ese efecto casi instantáneo.
Al día siguiente estalló una gran tormenta magnética. Carrington sospechó que había relación entre ambos fenómenos, pero fue prudente: escribió que una golondrina no hace verano. Un solo caso no bastaba para demostrar que lo que sucedía en el Sol podía afectar a la Tierra.
Lo que Carrington no podía saber es que la fulguración había ido acompañada de una eyección de masa coronal, una gigantesca nube de partículas cargadas y campo magnético lanzada al espacio. Estas nubes suelen tardar varios días en recorrer los unos 150 millones de kilómetros que nos separan del Sol. Esta llegó en unas 17,6 horas. Una explicación probable es que otra eyección anterior, la responsable de las auroras del 29 de agosto, había «despejado el camino».
Noches de colores
Cuando la nube chocó con la magnetosfera terrestre, las auroras, que normalmente se limitan a las regiones cercanas a los polos, se desplazaron hacia latitudes tropicales. Hay testimonios de luces en el cielo en Cuba, el centro y sur de México, Hawái, el sur de Japón y de China, Queensland (Australia), Nueva Zelanda y Colombia. En el noreste de Estados Unidos, según crónicas de la época, había luz suficiente para leer el periódico en plena noche, y hubo quien pensó que se trataba de un gran incendio.
Buena parte de lo que se sabe se debe al científico estadounidense Elias Loomis, que se dedicó a recopilar testimonios de la tormenta llegados de todo el mundo.
El día que el telégrafo funcionó sin pilas
En 1859, la gran red tecnológica era el telégrafo, que llevaba apenas un par de décadas extendiéndose. Sus largos cables actuaron como antenas: las variaciones bruscas del campo magnético inducían en ellos corrientes eléctricas imprevistas. En Europa y Norteamérica hubo líneas que dejaron de funcionar, aparatos que soltaban chispas, papel que se chamuscaba y operadores que recibieron descargas. Según algunas crónicas, llegaron a producirse pequeños incendios en oficinas de telégrafo.
El episodio más llamativo ocurrió en la línea entre Boston y Portland (Maine). Los operadores comprobaron que la corriente inducida por la tormenta era tan intensa que podían prescindir de sus baterías. Uno de ellos propuso a su colega desconectarlas por completo durante quince minutos, y siguieron intercambiando mensajes solo con la energía que la tormenta metía en el cable. Según el relato más citado, lo hicieron durante unas dos horas, aunque otras versiones hablan de bastante menos tiempo.
¿Y si ocurriera hoy?
En 1859 no había redes eléctricas, satélites ni GPS. Hoy dependemos de todos ellos, y por eso el evento Carrington se ha convertido en el escenario de referencia para estudiar el peor caso posible del llamado clima espacial.
Ya ha habido avisos serios. El 13 de marzo de 1989, una tormenta mucho menos intensa que la de 1859 dejó fuera de servicio la red de Hydro-Québec, en Canadá, en menos de 90 segundos. El apagón duró nueve horas, varios satélites perdieron el control durante horas y hubo auroras hasta en Texas y Florida.
El 23 de julio de 2012, el Sol lanzó una eyección de masa coronal que, según el físico Daniel Baker, de la Universidad de Colorado, era al menos tan potente como la de 1859. Cruzó la órbita terrestre por el punto donde la Tierra había estado alrededor de una semana antes (unos nueve días, según otros cálculos). «La única diferencia es que no nos dio», resumió Baker. Por esas fechas, el investigador Pete Riley estimó en un 12 % la probabilidad de que una tormenta de la clase Carrington golpeara la Tierra en un plazo de diez años. Es una estimación estadística sobre sucesos muy raros, no una predicción.
Los cálculos de daños son muy variables. Un informe de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos citado por la NASA habla de un impacto económico que podría superar los 2 billones de dólares, y un estudio de 2013 de Lloyd's de Londres situaba el coste solo para Estados Unidos entre 0,6 y 2,6 billones. Lo que preocupa especialmente son los grandes transformadores eléctricos, que pueden dañarse por estas corrientes y tardar mucho en reponerse.
El último recordatorio llegó entre el 10 y el 13 de mayo de 2024, con la tormenta solar más fuerte desde 1989. Hubo auroras visibles en España, Portugal, Canarias, México y otros lugares poco habituados a verlas. No fue, ni de lejos, un evento Carrington, pero muchos descubrieron esas noches que el Sol también puede pintar el cielo de latitudes medias.
Qué es mito y qué sigue en discusión
Su intensidad exacta se desconoce. Los instrumentos de 1859 no permiten medirla con la precisión actual, y las estimaciones de la intensidad de la tormenta varían mucho de un estudio a otro: la más alta duplica a la más baja. Un análisis de 2024 de los registros de Kew y Greenwich calculó variaciones del campo magnético muy superiores a las que hoy se consideran propias de un fenómeno que se repite una vez por siglo.
¿Fue la mayor de la historia? Fue la mayor registrada con instrumentos, pero no necesariamente la mayor. Tormentas como la de febrero de 1872 o la de mayo de 1921 pudieron ser comparables según algunos indicadores. Y los anillos de los árboles conservan huellas de tormentas solares muy anteriores, como la de los años 774-775, que según algunas estimaciones pudo ser bastante más intensa.
Las pruebas en el hielo, descartadas. Durante años se citaron unos picos de nitrato en el hielo de Groenlandia como huella química del evento Carrington. Estudios posteriores los atribuyen más bien a incendios forestales, y los registros de Groenlandia y la Antártida no coinciden.
Los detalles de las crónicas. Lo de leer el periódico a medianoche o el tiempo que funcionó la línea Boston-Portland sin baterías procede de testimonios de la época recogidos en la prensa, no de mediciones. Son verosímiles, pero conviene leerlos como lo que son: relatos de testigos asombrados.
Más datos del folio
- Chispas en los telégrafos, papel quemado, descargas a operadores
- Operadores de Boston y Portland que siguieron transmitiendo con las baterías desconectadas; frase «cut off your battery entirely for fifteen minutes»
En 1 minuto
Enviaron mensajes SIN BATERÍAS gracias a una tormenta solar ☀️: lo que cuenta este Short, con más detalle
¿Lo habrías creído?
Tres datos de este folio. ¿Te los habrías creído si te los cuentan sin fuentes?
1 de septiembre de 1859: Carrington observa dos manchas de luz blanca intensa mientras dibuja manchas solares; dura unos 5 minutos; Richard Hodgson lo ve de forma independiente
✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.
La eyección llegó en unas 17,5 horas; mayor tormenta geomagnética registrada
✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.
Auroras visibles hasta el Caribe y Centroamérica (La Habana, Panamá…)
✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.
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