1816, EL AÑO SIN VERANO: el volcán que trajo nieve en junio (y creó a Frankenstein)
En 1816 nevó en junio en Estados Unidos. En Europa no paraba de llover, las cosechas se perdieron y el hambre se extendió. Nadie sabía por qué.
Lo que vas a aprender
En junio de 1816 nevó en el noreste de Estados Unidos. En buena parte de Europa llovió casi sin descanso durante el verano, las cosechas se pudrieron en los campos y el precio del pan se disparó. Hubo hambre, disturbios y migraciones masivas. Quienes lo vivieron buscaron explicaciones en el cielo, en las manchas del Sol o en la voluntad divina. Ninguno sospechó que la causa estaba al otro lado del mundo, en una isla de Indonesia, y se remontaba a más de un año atrás.
Aquel verano frío dejó huellas inesperadas: cambió el mapa de la población estadounidense, tiñó los atardeceres de los cuadros y, de forma indirecta, dio origen a uno de los monstruos más famosos de la literatura.
La explosión de Tambora
El monte Tambora, en la isla de Sumbawa, llevaba retumbando desde 1812. El 5 de abril de 1815 entró en erupción con tanta fuerza que las detonaciones se oyeron en Makasar, a unos 380 kilómetros, y en Batavia (la actual Yakarta), a más de 1.200. Pero lo peor llegó la noche del 10 de abril, cuando la erupción alcanzó su punto álgido. Las explosiones se oyeron, como mínimo, a 2.600 kilómetros.
Ese sonido provocó una confusión famosa. En Java, entonces bajo administración británica, las autoridades pensaron que se trataba de cañonazos, quizá de un barco en apuros o de un ataque. El gobernador Thomas Stamford Raffles envió tropas y embarcaciones a averiguar qué pasaba. No encontraron ningún combate: lo que habían oído era un volcán a cientos de kilómetros.
La erupción está clasificada con un índice de explosividad volcánica de 7 y es la mayor de la historia registrada. Expulsó, según las estimaciones, al menos 37 kilómetros cúbicos de roca y lanzó una columna de material a más de 40 kilómetros de altura. La montaña, que medía unos 4.300 metros, quedó reducida a 2.851, casi un tercio menos. En su lugar dejó una caldera de 6 a 7 kilómetros de diámetro y unos 600 o 700 metros de profundidad. Un tsunami de hasta 4 metros golpeó las costas cercanas.
Una catástrofe local de cifras inciertas
El número de víctimas es uno de los datos más discutidos. Las estimaciones de muertes directas, por las coladas piroclásticas y la caída de ceniza, rondan las 10.000 u 11.000 personas. Pero la ceniza arruinó los cultivos y contaminó el agua en Sumbawa y en las islas vecinas, y el hambre y las enfermedades hicieron el resto. Según el estudio que se consulte, el total oscila entre unas 71.000 y cerca de 100.000 muertes.
La erupción borró del mapa el pequeño reino de Tambora, y con él su lengua. Los lingüistas que han estudiado el vocabulario que se conserva creen que no pertenecía a la familia austronesia, la habitual en la región, sino que podría haber sido una lengua aislada. En 2004, un equipo dirigido por el vulcanólogo Haraldur Sigurðsson excavó en la zona y encontró los restos de una casa sepultada, con cerámica, cuencos de bronce y herramientas de hierro. Sigurðsson la llamó la «Pompeya del Este».
Por qué se enfrió el planeta
Las consecuencias globales no vinieron de la ceniza, que cayó en semanas, sino de los gases. El volcán inyectó en la estratosfera enormes cantidades de gases de azufre: las estimaciones de la cantidad de azufre van de 10 a 120 millones de toneladas, con una media de entre 25 y 30. Allí arriba, esos gases se transformaron en diminutas gotas de sulfato que se repartieron alrededor del planeta y formaron un velo que reflejaba parte de la luz solar.
El resultado fue un enfriamiento de entre 0,4 y 0,7 °C en la temperatura media mundial. Puede parecer poco, pero es un promedio mundial: en algunas regiones el descenso fue mucho mayor. En el este de Estados Unidos, una persistente «niebla seca» atenuaba tanto el Sol que las manchas solares podían verse a simple vista.
Nieve en junio, hambre en Europa
En Nueva Inglaterra, las heladas de mayo ya habían arrasado los cultivos de las zonas altas. El 6 de junio nevó en Albany (Nueva York) y en Dennysville (Maine), y en julio y agosto volvieron las heladas. El precio de la avena pasó de 12 a 92 centavos el *bushel* entre 1815 y 1816.
Muchas familias decidieron marcharse. Vermont perdió entre 10.000 y 15.000 habitantes en 1816 y 1817, lo que anuló siete años de crecimiento. Miles de personas emigraron hacia el oeste de Nueva York y los nuevos territorios del Medio Oeste; Indiana se convirtió en estado en diciembre de 1816 e Illinois, en 1818. Entre los que se mudaron estaba la familia de Joseph Smith, el futuro fundador del mormonismo, que dejó Vermont por Palmyra, en el estado de Nueva York.
En Europa, el verano de 1816 fue el más frío registrado entre 1766 y 2000. En Irlanda, semanas de lluvia echaron a perder la cosecha de patata; entre 1816 y 1819, una epidemia de tifus que se extendió desde allí causó más de 65.000 muertes. En 1816 y 1817 hubo motines por el precio de los alimentos, los más violentos en el continente desde la Revolución francesa. El reparto fue desigual: Escandinavia y Rusia tuvieron cosechas casi normales, y el zar Alejandro I pudo enviar grano hacia el oeste.
Tampoco Asia se libró. En China, la alteración del monzón provocó inundaciones en el valle del Yangtsé y una gran hambruna en Yunnan. En la India, el retraso del monzón coincidió con la expansión del cólera desde Bengala.
Encerrados en Villa Diodati
Mientras tanto, junto al lago de Ginebra, Lord Byron había alquilado desde el 10 de junio la Villa Diodati, donde vivía con su médico personal, John William Polidori. Muy cerca, en una casa más pequeña, se alojaban el poeta Percy Shelley, Mary Godwin, que tenía 18 años y pronto se casaría con él, y la hermanastra de esta, Claire Clairmont.
Mary Shelley recordaría aquel verano como húmedo y desapacible, con una lluvia incesante. Encerrados en casa, leyeron cuentos de fantasmas alemanes recogidos en la antología *Fantasmagoriana*, y Byron lanzó un reto: que cada uno escribiera su propia historia de miedo. Mary tardó varios días en encontrar la suya. Llegó, según contó años después, en una especie de «sueño en vigilia» tras una larga conversación nocturna sobre el galvanismo y el principio de la vida. El astrónomo Donald Olson, a partir de la posición de la Luna descrita en su relato, calculó que ese momento ocurrió de madrugada, el 16 de junio de 1816.
De aquel reto salieron dos obras fundacionales. *Frankenstein o el moderno Prometeo* se publicó de forma anónima en Londres el 1 de enero de 1818; el nombre de Mary Shelley no apareció en la portada hasta una traducción francesa de 1821. Y Polidori, a partir de un fragmento que Byron había abandonado, escribió *El vampiro*, publicado en abril de 1819 en una revista londinense que lo atribuyó, para disgusto de su autor, al propio Byron. Su protagonista, el aristocrático Lord Ruthven, inauguró el vampiro seductor de la literatura romántica. Ese mismo verano, Byron escribió además *Darkness* («Oscuridad»), un poema sobre un mundo en el que el Sol se ha apagado.
Qué es mito y qué sigue en discusión
La relación con el volcán se descubrió mucho después. Nadie en 1816 relacionó el frío con Tambora. La conexión se estableció en el siglo XX y se popularizó en 1979 con un artículo del oceanógrafo Henry Stommel y su esposa, Elizabeth, en *Scientific American*. Hoy está bien asentada: un estudio de 2019 concluyó que el frío extremo de 1816 no se habría producido sin la erupción.
Tambora no fue el único factor. Hacia 1808 hubo otra gran erupción, de origen todavía desconocido y detectada en los hielos de Groenlandia, y entre 1812 y 1814 entraron en erupción otros volcanes. Todas ellas pudieron sumar su efecto al de Tambora. Además, la época coincidió con el llamado mínimo de Dalton, un periodo de baja actividad solar, aunque no está demostrado que influyera de forma significativa.
La bicicleta y los cuadros son hipótesis. Se ha propuesto que la escasez de avena, que encarecía el mantenimiento de los caballos, animó al alemán Karl Drais a inventar en 1817 su draisiana, antecesora de la bicicleta. Es una idea atractiva, pero no hay pruebas directas. Algo parecido ocurre con la pintura: un estudio de 2007 dirigido por Christos Zerefos analizó cuadros pintados entre 1500 y 1900 y halló más tonos rojos en los cielos tras las grandes erupciones, y a menudo se citan los atardeceres dorados de Turner. Es una correlación estadística, no la explicación de un cuadro concreto.
«Un volcán creó a Frankenstein» es una forma de hablar. El mal tiempo mantuvo al grupo encerrado y propició el reto, pero el talento, las lecturas y las inquietudes de Mary Shelley son lo que explica la novela.
Más datos del folio
- Hipótesis de que la falta de avena para los caballos inspiró a Karl Drais la draisiana (1817)
- Erupción del Tambora (Sumbawa, Indonesia) en abril de 1815, la mayor de la historia registrada
En 1 minuto
Un VOLCÁN ayudó a crear a FRANKENSTEIN 🌋: lo que cuenta este Short, con más detalle
¿Lo habrías creído?
Tres datos de este folio. ¿Te los habrías creído si te los cuentan sin fuentes?
Tambora medía unos 4.300 m antes de la erupción y perdió cerca de un tercio de su altura (hoy 2.851 m); las explosiones se oyeron a al menos 2.600 km; en Java se atribuyeron a cañonazos y Raffles envió tropas y barcos a investigar
✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.
Emigración de miles de personas de Nueva Inglaterra hacia el oeste tras las malas cosechas
✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.
Estudio de 2007 que relaciona la actividad volcánica con la cantidad de rojo en los cielos pintados (incluido Turner)
✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.
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