PHINEAS GAGE: el hombre que sobrevivió a una barra de hierro en la cabeza
En 1848, una barra de hierro de más de un metro atravesó la cabeza de un joven trabajador del ferrocarril. Entró por su mejilla y salió por lo alto del cráneo. Y él no solo sobrevivió: a los pocos minutos estaba hablando.
Lo que vas a aprender
El 13 de septiembre de 1848, hacia las cuatro y media de la tarde, una barra de hierro de más de un metro atravesó la cabeza de un capataz del ferrocarril en Vermont, en el noreste de Estados Unidos. Entró por debajo del pómulo izquierdo y salió por lo alto del cráneo. El herido no solo sobrevivió: a los pocos minutos estaba hablando. Se llamaba Phineas Gage, y su caso se convertiría en uno de los más citados de la historia de la neurología.
Lo curioso es que buena parte de lo que se cuenta sobre él no procede de los documentos de la época, sino de un siglo y medio de repeticiones, adornos y exageraciones.
Una tarde de pólvora en Cavendish
Gage había nacido en 1823 en el condado de Grafton, en Nuevo Hampshire, aunque la fecha exacta no es segura. Con 25 años dirigía una cuadrilla que abría paso al ferrocarril de Rutland y Burlington cerca del pueblo de Cavendish. El trabajo consistía en perforar la roca, rellenar el agujero con pólvora y apretarla con una barra antes de hacerla estallar de forma controlada. Sus superiores lo consideraban un capataz eficaz y de fiar.
La herramienta que usaba no era una palanca cualquiera. Era una barra de hierro hecha por encargo: medía unos 1,1 metros, tenía 3,2 centímetros de diámetro, pesaba alrededor de 6 kilos y se estrechaba en uno de sus extremos hasta acabar en punta. Aquella tarde, la pólvora prendió antes de tiempo. La explosión lanzó la barra hacia arriba: pasó por detrás del ojo izquierdo, cruzó la parte frontal del cerebro y cayó a unos 25 metros de distancia.
Contra todo pronóstico
Lo que siguió parece difícil de creer. Gage habló a los pocos minutos y fue llevado en un carro de bueyes hasta Cavendish, sentado. El primer médico en llegar, Edward H. Williams, contó después que Gage lo recibió con una frase casi bromista: le dijo que allí tenía trabajo de sobra.
Se hizo cargo del caso John Martyn Harlow, un médico rural de la zona. Las semanas siguientes fueron muy delicadas: Gage sufrió una infección grave y, en torno a las dos semanas del accidente, estuvo cerca de morir. Harlow drenó la infección y lo cuidó con paciencia, y el 25 de noviembre de 1848 el paciente pudo volver a casa de sus padres, en Lebanon (Nuevo Hampshire).
En noviembre de 1849, el cirujano Henry Jacob Bigelow, de Harvard, llevó a Gage a Boston para presentarlo ante sus colegas. Bigelow escribió que el rasgo principal del caso era precisamente su improbabilidad.
«Ya no era Gage»
Si la historia hubiera terminado ahí, sería solo una supervivencia asombrosa. Lo que la convirtió en un clásico de la ciencia del cerebro fue un informe que Harlow presentó en 1868, casi veinte años después del accidente. En él describía a un hombre distinto del capataz equilibrado de antes: caprichoso, irreverente, impaciente ante cualquier freno a sus deseos y propenso a las palabrotas. Según Harlow, el equilibrio entre sus facultades intelectuales y sus impulsos parecía haberse roto, y sus amigos y conocidos decían que «ya no era Gage».
Con el tiempo, esa frase daría la vuelta al mundo. Llegó en un momento en que se discutía si las funciones mentales dependen de zonas concretas del cerebro, y el caso parecía ofrecer una prueba: una lesión en la parte frontal había alterado el carácter, no la inteligencia ni el movimiento. Al principio el informe pasó casi inadvertido, hasta que el neurólogo escocés David Ferrier lo puso en primer plano y desde entonces no ha dejado de aparecer en manuales de psicología y medicina.
El problema es lo escaso de la documentación. El psicólogo australiano Malcolm Macmillan, que dedicó décadas a reconstruir la vida de Gage, identificó solo cuatro fuentes primarias: los informes de Harlow de 1848 y 1868, el de Bigelow de 1850 y una descripción de 1870. La parte sobre el cambio de personalidad, en el informe de 1868, ocupa menos de doscientas palabras.
Siete años en los caminos de Chile
Tras recuperarse, Gage no se quedó quieto. Conservó la barra que casi lo mata y, según Harlow, fue su compañera inseparable el resto de su vida. Hay constancia de un anuncio de 1852 en Vermont que invitaba a ver al hombre de la barra, y algunos historiadores sostienen que se exhibió durante un tiempo en el American Museum de P. T. Barnum, en Nueva York, aunque no hay un registro fechado claro de esa etapa.
Luego trabajó unos 18 meses en un servicio de caballerizas y coches de caballos en Hanover (Nuevo Hampshire). Y en agosto de 1852 se embarcó rumbo a Chile, contratado por alguien que quería montar una línea de diligencias en Valparaíso. Allí pasó unos siete años como conductor en la ruta entre Valparaíso y Santiago. La duración exacta varía según la fuente, pero la mayoría la sitúa aproximadamente entre 1852 y 1859.
Macmillan insiste en lo que exigía aquel oficio: levantarse antes del amanecer, preparar y enganchar los caballos, estar listo para salir hacia las cuatro de la mañana, atender a los pasajeros y su equipaje y completar un trayecto de unas trece horas y más de 160 kilómetros por caminos en mal estado, a veces en plena agitación política. A mediados de 1859 su salud empezó a fallar y se reunió con su familia en California. Trabajó en una granja en Santa Clara, en febrero de 1860 comenzó a sufrir crisis epilépticas y murió el 21 de mayo de 1860, con 36 años, cerca de San Francisco.
El cráneo, la barra y un retrato inesperado
Cuando Harlow supo de su muerte, en 1866, la familia accedió a hacer exhumar el cráneo y se lo entregó junto con la barra. Harlow los depositó en el Museo Anatómico Warren, de la Facultad de Medicina de Harvard, donde siguen expuestos. Durante mucho tiempo nadie supo qué aspecto tenía. En 2009, los coleccionistas Jack y Beverly Wilgus identificaron un daguerrotipo que guardaban desde hacía más de treinta años: creían que mostraba a un ballenero con su arpón, hasta que varios comentaristas en Internet les señalaron que aquel objeto no era un arpón. Al compararlo con la máscara de Gage y con la barra conservada en Harvard, que lleva una inscripción visible en la foto, confirmaron que era él. Es el primer retrato conocido de Gage.
El cráneo también ha seguido trabajando para la ciencia. En 1994, el equipo de Hanna Damasio concluyó que la barra había dañado los dos lóbulos frontales, pero lo hizo a partir de un cráneo modelo, no del original. En 2004, Peter Ratiu y su equipo reconstruyeron la trayectoria con tomografías del cráneo real y concluyeron que la lesión afectó solo al lóbulo frontal izquierdo, como había deducido Harlow. En 2012, un equipo dirigido por John Darrell Van Horn calculó que la barra habría destruido en torno al 4 % de la corteza y alrededor del 11 % de la sustancia blanca, las conexiones que comunican unas regiones con otras. Su conclusión: aunque el daño en la corteza fue localizado, el efecto sobre la red de conexiones pudo ser mucho más amplio.
Qué es mito y qué sigue en discusión
El «monstruo» es un invento posterior. Muchos manuales y divulgaciones presentan a Gage como un hombre violento, borracho, incapaz de conservar un empleo, que acabó como atracción de feria y murió en la miseria. Las fuentes de la época no dicen nada de eso. Macmillan comprobó que el retrato se fue deformando a medida que los autores lo adaptaban a sus propias teorías, a menudo sin haber leído el informe de 1868. Otro estudioso del caso, Zbigniew Kotowicz, señaló además que Harlow no describe ni un solo acto del que Gage tuviera que avergonzarse.
Lo que sí parece cierto es que su comportamiento cambió tras el accidente, al menos durante un tiempo: es lo que describe el médico que mejor lo conoció.
Lo que se discute es si ese cambio fue permanente. Macmillan propone la hipótesis de una «recuperación social»: la rutina estricta del trabajo en las diligencias pudo funcionar como una especie de rehabilitación y ayudarle a recuperar buena parte de su capacidad para organizarse y tratar con la gente. Él mismo subraya que es una hipótesis, no un hecho demostrado. Si fuera cierta, indicaría que el cerebro adulto tiene más capacidad de adaptarse de lo que suele suponerse.
Tampoco hay consenso total sobre la lesión. No se hizo autopsia y solo se conserva el cráneo, así que ninguna reconstrucción puede ser definitiva. La más aceptada hoy apunta al lóbulo frontal izquierdo, con un daño importante en las conexiones.
Gage sigue siendo un caso de estudio y, a la vez, un recordatorio de cómo una historia real se convierte en leyenda cuando se cuenta mucho y se comprueba poco.
Más datos del folio
- Habló en minutos y fue llevado en un carro de bueyes; lo trató el doctor John Martyn Harlow
- Informe de Harlow de 1868 y la frase «no longer Gage» atribuida a sus amigos
En 1 minuto
Una barra de hierro le atravesó la cabeza… y a los minutos estaba HABLANDO: lo que cuenta este Short, con más detalle
¿Lo habrías creído?
Tres datos de este folio. ¿Te los habrías creído si te los cuentan sin fuentes?
Accidente el 13 de septiembre de 1848 cerca de Cavendish (Vermont), mientras trabajaba en la construcción del ferrocarril
✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.
Barra de 3 pies y 7 pulgadas (~1,1 m) y 13¼ libras (~6 kg)
✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.
Trayectoria: bajo el pómulo izquierdo, detrás del ojo, salida por lo alto del cráneo; la barra cayó a unos 80 pies (~25 m)
✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.
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