El «MONSTRUO» saltarín que tuvo en vilo a Londres
Número nueve. Londres, mil ochocientos treinta y siete. Una figura con capa salta por encima de los muros…
Lo que vas a aprender
En el invierno de 1837 a 1838, por los arrabales de Londres corría un rumor. Una figura con capa asaltaba de noche a los transeúntes, sobre todo a mujeres solas, y luego escapaba dando saltos imposibles por encima de vallas y muros. Algunos testigos hablaban de ojos como brasas, de garras y de llamas que le salían de la boca. Lo llamaron Spring-heeled Jack, algo así como «Jack el de los talones de muelle».
Ocupa el puesto 9 del Top 10 Halloween de El Archivo Curioso porque muestra muy bien cómo nace una leyenda urbana: unos pocos sucesos reales, muchos rumores, una prensa hambrienta de noticias y un personaje de ficción que sobrevivió a todos sus testigos.
Un Londres que crecía a oscuras
El contexto ayuda a entenderlo. La reina Victoria había llegado al trono en junio de 1837. Londres se expandía a gran velocidad y sus afueras, como Clapham, Peckham, Barnes o Old Ford, eran una mezcla de campos, caminos mal iluminados y casas nuevas. La Policía Metropolitana existía desde 1829, pero aún era una institución joven y discutida.
Además, la ciudad tenía tradición de «fantasmas» de carne y hueso, como el de Hammersmith, que alarmó a los vecinos entre 1803 y 18041. Los historiadores consideran a Jack heredero de esa costumbre de asustar disfrazado.
La carta del alcalde y la ola de rumores
Los primeros ataques se suelen situar en octubre de 1837, cerca de Clapham Common, aunque esos episodios solo se conocen por relatos escritos mucho después1. El punto de partida documentado es otro. El 9 de enero de 1838, el alcalde de Londres, sir John Cowan, leyó en una sesión pública de la Mansion House una carta anónima firmada por «un vecino de Peckham». Según ella, unos jóvenes de buena familia habían hecho una apuesta, y uno de ellos recorría los pueblos cercanos disfrazado de fantasma, de oso o de diablo, y había dejado sin sentido a varias mujeres1.
Cowan se mostró escéptico, pero la prensa nacional publicó la noticia y en pocos días llegaron cartas de todo Londres con sustos parecidos, algunas con supuestas muertes de miedo que nadie pudo comprobar1.
Dos declaraciones ante los jueces
En febrero de 1838 llegaron los casos que dieron forma al personaje. Una joven de Old Ford, Jane Alsop, declaró ante los magistrados que el 19 de febrero un hombre había llamado a su puerta diciendo ser policía y asegurando que habían atrapado a Spring-heeled Jack. Al acercarle ella una vela, vio a alguien con casco, ropa blanca muy ajustada y un aspecto aterrador, que según su relato escupía llamas azules y blancas1. Su familia lo ahuyentó. Días después, otra joven declaró haber sufrido algo parecido en un callejón de Limehouse3.
La policía detuvo a un tal Thomas Millbank, que presumía de ser Jack, pero no fue condenado, en parte porque la propia testigo insistía en que su agresor echaba fuego y aquel hombre no podía hacerlo1. Por entonces también empezó a circular el nombre del marqués de Waterford, un aristócrata famoso por sus apuestas y gamberradas. Era solo un rumor, que se repitió durante décadas sin ninguna prueba1.
Del periódico al folletín
Jack no desapareció. Hubo nuevas oleadas en 1843; en 1847 un hombre fue condenado en Teignmouth por asaltos cometidos con una máscara con cuernos1; y en la década de 1870 la prensa volvió a hablar de él en Sheffield, Lincoln y el campamento militar de Aldershot, donde en agosto de 1877 unos centinelas dijeron haber visto una figura que saltaba y desaparecía1. Los últimos avistamientos se sitúan en el barrio de Everton, en Liverpool, hacia 1888 y en 19041.
Mientras tanto, el personaje protagonizó *penny dreadfuls*, las novelas baratas por entregas, obras de teatro populares y funciones de títeres1. Con los años pasó de villano a justiciero enmascarado, un antepasado de los superhéroes del cómic. El historiador Karl Bell, de la Universidad de Portsmouth, ha estudiado ese recorrido completo: del rumor oral al periódico, del periódico al escenario y del escenario al «coco» con el que se asustaba a los niños.
Qué es mito y qué no
Es real que en 1838 el alcalde de Londres leyó en público una carta sobre un bromista disfrazado, que llegaron muchas cartas más y que varias mujeres declararon ante los jueces haber sido asaltadas. Algún agresor disfrazado acabó incluso condenado.
No hay prueba alguna de los saltos sobrehumanos, de las llamas ni de la resistencia a las balas. Proceden de testimonios bajo el miedo, de relatos muy posteriores y de la ficción. Tampoco hay pruebas contra el marqués de Waterford. Las explicaciones más aceptadas hablan de histeria colectiva y rumor, alimentados por la prensa, y de uno o varios bromistas y agresores con muchos imitadores a lo largo de casi setenta años1.
Más datos del folio
- 19 de febrero de 1838: Jane Alsop (Old Ford) declaró ante los magistrados que un hombre que se hizo pasar por policía le mostró un aspecto horrible: casco, ojos como «bolas de fuego rojas» y llamas azules y blancas por la boca
- Hubo avistamientos durante décadas; el último registrado, en Liverpool en 1904
¿Lo habrías creído?
Tres datos de este folio. ¿Te los habrías creído si te los cuentan sin fuentes?
Relatos posteriores sitúan los primeros ataques en octubre de 1837 (Mary Stevens, Clapham Common)
✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.
El 9 de enero de 1838 el alcalde de Londres, sir John Cowan, leyó en una sesión pública en la Mansion House una carta firmada por «un vecino de Peckham» sobre un hombre que, por una apuesta, recorría los pueblos cercanos disfrazado de fantasma, oso y diablo; la carta decía que había dejado «a siete damas sin sentido»
✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.
Cowan habló de «grandes exageraciones», pero se ordenó a la policía buscar al responsable; al día siguiente mostró un montón de cartas de todo Londres
✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.
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