Los vikingos nunca llevaron cuernos (la culpa es de una ópera)
El casco vikingo más completo que se conoce no tiene cuernos. La imagen popular nace del vestuario de una ópera de Wagner en 1876.
Lo que vas a aprender
Barba trenzada, hacha al hombro y un casco con dos cuernos curvos: así se disfraza de vikingo casi cualquiera, y así aparecen en cómics, anuncios y películas. Es una imagen tan reconocible que cuesta creer que no tenga ninguna base en la arqueología de la época vikinga. Ni uno solo de los cascos de aquellos siglos que han llegado hasta nosotros tiene cuernos, y los textos de la época mencionan cascos a menudo, pero nunca con cuernos.
La historia de cómo les salieron es más interesante que el propio mito. Pasa por un túmulo noruego excavado en plena Segunda Guerra Mundial, por el estreno de una ópera de Wagner en 1876 y por unos cascos daneses, estos sí con cuernos, que acabaron en el fondo de una ciénaga unos 1.700 años antes de que empezara la época vikinga.
El casco que salió de un túmulo en Ringerike
El 29 de marzo de 1943, en la granja de Gjermundbu, cerca de Haugsbygd, en la comarca noruega de Ringerike, Gunnar Gjermundbo estaba retirando tierra de un montículo para construir una casa para sus padres cuando dio con un tesoro. Noruega estaba ocupada por la Alemania nazi, y la familia escondió los objetos en un granero. Al día siguiente, el historiador local Jon Guldal avisó a la Universidad de Oslo, que envió a los arqueólogos Sverre Marstrander y Charlotte Blindheim.
Lo que había bajo el montículo era una tumba de cremación de finales del siglo X, una de las sepulturas de guerrero más ricas de Noruega: espadas, hachas, lanzas, cuatro escudos, espuelas, arreos para varios caballos y, sobre todo, restos de una cota de malla y un casco de hierro. El casco apareció en 9 fragmentos y pudo reconstruirse. Es un casquete redondeado formado por 4 placas, con una protección en forma de gafas que cubre los ojos y la nariz. No tiene cuernos ni nada que se le parezca.
El hallazgo guarda algún detalle inquietante: el casco había sido atravesado a propósito con las lanzas depositadas en la tumba. La cota de malla, por su parte, habría pesado entre 8 y 10 kilos y pudo requerir medio año de trabajo. Hoy el casco se expone en el Museo de Historia Cultural de la Universidad de Oslo, que lo presenta como «el único casco vikingo del mundo».
¿Dónde están los demás cascos?
Esa etiqueta de «único» es casi literal. Solo se conocen restos de 5 cascos de la época vikinga, y la mayoría son simples fragmentos: además del de Gjermundbu, piezas halladas en Tjele (Dinamarca), Lokrume (Suecia) y Kiev. El quinto, el de Yarm, en el norte de Inglaterra, lo encontraron unos obreros en la década de 1950, pero hasta 2020 un estudio de la Universidad de Durham no lo fechó en el siglo X. También lleva una máscara de gafas y tampoco tiene cuernos.
¿Por qué hay tan pocos, si los vikingos pasaron casi tres siglos guerreando? Un casco de hierro era caro, y muchos arqueólogos creen que solo los guerreros de alto rango podían permitírselo. El resto pudo luchar sin protección metálica en la cabeza o con gorros de cuero, que se descomponen y rara vez se conservan. La propia riqueza de la tumba de Gjermundbu apunta en esa dirección: el casco era un objeto de élite.
Cómo le salieron los cuernos al vikingo
Los cuernos nacen en el siglo XIX, cuando el Romanticismo y los nacionalismos escandinavos y alemanes rescataron con entusiasmo el pasado nórdico. Según la medievalista Eleanor Barraclough, la primera ilustración de un vikingo con casco de cuernos aparece en una edición popular de la «Saga de Frithiof» de 1825. Los cascos con alas, otro clásico, son igual de decimonónicos.
Quien convirtió los cuernos en un uniforme fue Carl Emil Doepler, el diseñador de vestuario de «El anillo del nibelungo», el ciclo de cuatro óperas de Richard Wagner. La tetralogía se estrenó completa en 1876, en el primer festival de Bayreuth, el teatro que Wagner levantó para sus propias obras. Doepler vistió a los personajes con cascos de cuernos y el éxito de la producción hizo el resto: la imagen pasó a ilustraciones, libros infantiles, teatro, cómics y, ya en el siglo XX, al cine.
Hay un detalle irónico. Las óperas de Wagner no tratan de vikingos, sino de dioses y héroes de la mitología germánica y nórdica. Pero en la Alemania del siglo XIX el pasado nórdico se veía como una alternativa a los orígenes griegos y romanos, y en ese clima se mezclaron sin mucho rigor guerreros vikingos, pueblos germánicos de la época de las migraciones y leyendas medievales. El resultado fue un vikingo de fantasía que se nos ha quedado como si fuera real.
Los cuernos verdaderos: Veksø, casi 3.000 años atrás
En el norte de Europa sí se fabricaron cascos con cuernos, solo que mucho antes. En 1942, unos trabajadores que extraían turba en una ciénaga cerca de Veksø, en la isla danesa de Selandia, dieron con dos cascos de bronce que hoy se conservan en el Museo Nacional de Dinamarca, en Copenhague.
Son piezas espectaculares: tienen cuernos curvos en forma de S, unos bultos que hacen de ojos, un pico de ave rapaz y soportes donde probablemente se sujetaban plumas y una cresta de crin de caballo. Uno descansaba sobre una bandeja de madera, lo que sugiere que fueron depositados como ofrenda. En 2019, al fotografiar uno de los cuernos, la investigadora Heide Wrobel Nørgaard descubrió restos de alquitrán de abedul; su datación por radiocarbono permitió al equipo de la arqueóloga Helle Vandkilde, de la Universidad de Aarhus, situar el depósito hacia el 900 a. C. La época vikinga suele empezar a contarse a finales del siglo VIII después de Cristo: entre unos y otros median unos 1.700 años.
Todo indica que eran objetos ceremoniales, no equipo de combate. Los grabados rupestres de la Edad del Bronce del oeste de Suecia y el sur de Noruega muestran a menudo figuras humanas con cuernos, y Vandkilde los ha relacionado con figuras parecidas de Cerdeña y de la península ibérica.
Qué es mito y qué no
Es mito que los guerreros vikingos combatieran con cascos de cuernos: no hay ni un solo hallazgo ni un solo texto de la época que lo respalde. Es cierto, en cambio, que en Escandinavia hubo cascos y tocados con cuernos, aunque en otros momentos. Además de los de la Edad del Bronce, en imágenes del periodo merovingio (hacia 550-800) aparecen figuras con tocados de cuernos o con formas parecidas; la arqueóloga Ingrid Ystgaard, de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, cree que eran cascos decorativos de las clases altas, no de guerra.
Siguen abiertas varias cuestiones. No sabemos cuántos vikingos llevaban casco ni de qué material. Los arqueólogos Frans-Arne Stylegar y Ragnar Løken Børsheim han propuesto que el guerrero de Gjermundbu pudo servir a un príncipe de la Rus de Kiev, donde sí son frecuentes las tumbas del siglo X con casco y cota de malla, aunque otros especialistas piden pruebas más sólidas. La conexión mediterránea de los cascos de Veksø también tiene escépticos, porque no han aparecido piezas similares en las costas atlánticas intermedias. Y hasta la fecha del primer vikingo con cuernos se discute: la filóloga Roberta Frank, de la Universidad de Yale, sitúa en su estudio «The Invention of the Viking Horned Helmet» (2000) el verdadero nacimiento del vikingo con cuernos a finales del siglo XIX, en torno al montaje de Wagner, más que en las ilustraciones de principios de siglo.
¿Lo habrías creído?
Tres datos de este folio. ¿Te los habrías creído si te los cuentan sin fuentes?
El casco de Gjermundbu se encontró en Noruega en 1943 y no tiene cuernos.
✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.
Los cuernos se popularizaron con los diseños de Carl Emil Doepler para «El anillo del nibelungo» (1876).
✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.
Los cascos con cuernos del norte de Europa son de la Edad del Bronce, muy anteriores a los vikingos.
✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.
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