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El crimen de la calle Fuencarral: el PRIMER juicio paralelo de España (1888)

Unos periódicos que dejaron de contar un crimen… para juzgarlo ellos mismos. Así nació el primer juicio paralelo de España.

Lugar: Madrid (España)Época: 1888-1890Publicado: 28 de octubre de 2026Formato: Vídeo

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En la madrugada del 2 de julio de 1888 salía humo de un segundo piso del número 109 de la calle de Fuencarral, en Madrid. Los vecinos avisaron por el olor a petróleo y a carne quemada. Cuando la policía forzó la puerta, encontró a la dueña de la casa, una viuda rica, muerta en su alcoba, y en otra habitación a la criada, inconsciente, junto al perro de la casa, también dormido.

Lo que empezó como un suceso acabó en el proceso más seguido de la España del siglo XIX: un juicio con jurado de dos meses, un director de cárcel procesado, una treintena de periódicos respaldando una acusación popular y una ejecución ante unas 20.000 personas. Este expediente se centra en las pruebas: qué se encontró en el piso, qué dijeron los forenses y cómo se llegó a la sentencia.

La escena

El juez Felipe Peña entró en la vivienda en cuanto pudo. Según la reconstrucción publicada por Libertad Digital, la viuda yacía boca arriba al pie de la cama, en gran parte quemada. Alguien le había quitado los zapatos y había echado sobre el cuerpo trapos empapados en petróleo y grasas, a los que prendió fuego en la habitación cerrada. En el suelo había cristales y restos de una lámpara. El resto de la alcoba estaba en orden, y había indicios de que el cuerpo se había movido.

La criada, Higinia Balaguer, estaba tendida en el suelo de otra habitación, viva pero sin sentido. Llevaba unos seis meses al servicio de la viuda. Según la Wikipedia, tanto ella como el perro, un bulldog, estaban bajo los efectos de un narcótico.

Lo que dijeron los forenses

El examen forense estableció que la viuda había muerto de una cuchillada que le atravesó el corazón. Tenía otras dos heridas hechas con el mismo instrumento, un cuchillo o una navaja. Las quemaduras se produjeron después de la muerte: el fuego no la mató, sino que pretendía borrar las huellas del crimen.

Los forenses examinaron también a la criada. Le encontraron contusiones y erosiones que podían ser señales de la defensa de la víctima. Al perro, según se estableció en el juicio, lo habían dormido con un anestésico. Con esos datos, la sospecha cayó enseguida sobre la única persona viva que había en la casa.

Una sospechosa que cambiaba de versión

Higinia Balaguer convirtió la instrucción en un laberinto. Primero dijo no saber nada y habló de un desconocido. Luego se declaró autora única, en un arrebato de ira. Después acusó al hijo de la víctima, José Vázquez Varela, conocido como «el Pollo Varela», y se presentó a sí misma como una cómplice forzada por amenazas. Más tarde culpó a una amiga, Dolores Ávila. Según algunas crónicas, a lo largo del proceso hizo más de veinte declaraciones contradictorias.

La acusación contra el hijo tenía un problema de calendario: la noche del crimen estaba preso en la cárcel Modelo por el hurto de una capa. Pero en Madrid se decía que entraba y salía cuando quería, y que Higinia había servido antes en casa del director interino de la cárcel, José Millán Astray, que la había recomendado a la viuda.

Cuando Higinia declaró que Millán Astray le había pedido que orientara sus declaraciones para «salvar a Varela», el juez lo detuvo e incomunicó. Según la crónica de Benito Pérez Galdós, el director sufrió un ataque al corazón al verse acusado. Negó todo, y el juzgado no logró probar que Varela hubiera salido de la cárcel. Las personas que habían dicho a la prensa que lo habían visto por la calle se retractaron o dudaron ante el juez.

La prensa como acusación

El 8 de agosto de 1888, convocados por «El Liberal», «El País» y «El Resumen», los representantes de varios periódicos acordaron en la redacción de «El Liberal» ejercer la acción popular, una figura que permitía la Ley de Enjuiciamiento Criminal de 1882 y que, según los estudiosos, se ejercía por primera vez en España. En aquella reunión se mostraron a favor 31 cabeceras, en su mayoría de Madrid, y otras se unieron en los días siguientes. Su tesis era la del hijo y el director de la cárcel. Rafael Pérez Vento, director de «La Opinión», lo justificó así: «la opinión desconfía del resultado del juicio».

Durante el juicio, la iniciativa se volvió contra ellos. Según el historiador del derecho Carlos Petit, citado por el investigador Adolfo Carratalá, los acusadores populares «más bien ocuparon la posición de acusados». El presidente del tribunal los llamó al orden una y otra vez, y en la sala llegaron a exhibirse los libros de administración de «El Liberal», «El Resumen» y «El País» para demostrar que el crimen les había disparado las tiradas.

La sentencia

El juicio con jurado se celebró del 26 de marzo al 25 de mayo de 1889. Higinia Balaguer fue condenada a muerte por robo y homicidio. Según Libertad Digital, la sentencia consideró que había narcotizado al perro y atacado a la viuda sola o con ayuda de alguna otra persona; el fiscal sostuvo que se había llevado una fuerte suma de dinero y que después montó el incendio. Dolores Ávila fue condenada a 18 años como cómplice. Vázquez Varela, Millán Astray y la hermana de Dolores fueron absueltos.

Higinia Balaguer fue ejecutada a garrote vil el sábado 19 de julio de 1890, en Madrid, ante unas 20.000 personas. Muchas fuentes la señalan como la última ejecución pública de la ciudad, aunque no hay una confirmación académica clara y en otras ciudades de España siguió habiendo ejecuciones públicas unos años más. Según la tradición recogida por varias fuentes, antes de morir gritó «¡Dolores, catorce mil duros!». Nadie ha sabido explicar qué quiso decir.

Las preguntas abiertas

El caso se cerró con dos mujeres humildes condenadas y los hombres con influencias absueltos. Quedaron sin respuesta las preguntas de fondo: si Higinia actuó sola, si alguien la ayudó aquella noche y si el hijo de la víctima salió o no de la cárcel. Galdós, que siguió el proceso para un diario de Buenos Aires, escribió en una de sus primeras crónicas que, si Higinia había mentido para embrollar a la justicia, había que reconocer en ella una astucia «capaz de volver locos a todos los jueces que en el mundo existen».

Más datos del folio

  • Versiones sucesivas: un desconocido llamado «Miguel», el hijo de la víctima, autoría propia y, después, su amiga Dolores Ávila
  • Más de veinte declaraciones contradictorias

En 1 minuto

Cuando GALDÓS se hizo cronista de sucesos: el crimen de la calle Fuencarral: lo que cuenta este Short, con más detalle

¿Lo habrías creído?

Tres datos de este folio. ¿Te los habrías creído si te los cuentan sin fuentes?

El cuerpo de la viuda se descubrió la mañana del 2 de julio de 1888 en el segundo izquierda del número 109 de la calle de Fuencarral, número que ya no existe en el plano actual

✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.

Los vecinos avisaron por el olor; la policía forzó la puerta; en la habitación se había prendido fuego con trapos empapados en petróleo; la criada apareció sin sentido en otra habitación

✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.

Higinia Balaguer Ostalé llevaba unos seis meses al servicio de la viuda

✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.

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