La ola de melaza que mató a 21 personas: el culpable fue el frío
Una ola de melaza mató a 21 personas en Boston en 1919. En 2016 se explicó por qué: el frío la espesó y atrapó a las víctimas.
Lo que vas a aprender
📂 Este Short es un adelanto. El folio completo, con todo el contexto y las fuentes: La GRAN INUNDACIÓN DE MELAZA de Boston: la ola dulce que mató a 21 personas
Quien haya intentado sacar miel del bote en pleno invierno ya conoce la mitad de esta historia. El 15 de enero de 1919, un tanque reventó en Boston y soltó más de ocho millones de litros de melaza que mataron a 21 personas. La ola fue lo más espectacular, pero lo que explica tantas muertes es una propiedad física cotidiana: la viscosidad, y lo mucho que cambia con la temperatura.
Qué es la viscosidad y por qué depende tanto del calor
La viscosidad mide cuánto se resiste un líquido a fluir. El agua apenas se resiste; la melaza, el jarabe espeso que queda al refinar el azúcar de caña, muchísimo. Y en los líquidos tan azucarados esa resistencia depende mucho de la temperatura. Los estudios técnicos sobre la melaza describen una relación exponencial: al calentarla se vuelve mucho más fluida y al enfriarla se espesa deprisa.
Por eso la melaza se calentaba para poder bombearla. La del tanque, en parte recién descargada de un barco, seguía algo más templada que el aire de Boston. Las estimaciones de esa diferencia van de unos 2 a 5 grados centígrados.
Primero, una avalancha; después, un pantano
Cuando el tanque se abrió, mandaba la gravedad. Unas 12.000 toneladas de un líquido cerca de un 40 % más denso que el agua cayeron de golpe. En 2016, la ingeniera Nicole Sharp, junto con Jordan Kennedy y Shmuel Rubinstein, de la Universidad de Harvard, concluyó que esa masa bastaba para explicar la velocidad que contaron los testigos, sin necesidad de ninguna explosión.
Pero la melaza se extendió en una capa por las calles y, con tanta superficie expuesta, perdió calor deprisa. Esa noche la temperatura bajó de cero. El equipo reprodujo el proceso con jarabe de maíz en una cámara frigorífica, y Sharp calculó que la viscosidad pudo multiplicarse por cuatro o más.
Hay un detalle curioso. Normalmente, la melaza se vuelve algo más fluida cuando se la empuja con fuerza. Según el resumen del estudio que publicó la American Physical Society, con un frío tan intenso pesa mucho más la temperatura que ese efecto. Dicho de otro modo: forcejear apenas ayudaba.
Atrapados en un líquido que no suelta
Mover un brazo dentro de un fluido tan denso y viscoso exige empujar una masa enorme que se resiste a deslizarse. Quien había quedado aprisionado entre escombros se agotaba enseguida. Sharp describió a las víctimas intentando apartar la melaza de la boca y la nariz para respirar, mientras los rescatadores avanzaban hundidos en el mismo jarabe. Rubinstein calculó que alrededor de la mitad de los muertos fallecieron, básicamente, porque se quedaron atascados.
Qué es mito y qué no
No es cierto que la melaza matara por ser lenta: la primera ola fue rapidísima. El frío convirtió después la zona inundada en una trampa.
Las cifras son estimaciones. Ni la diferencia de temperatura ni el «cuatro veces más viscosa» se midieron en 1919: salen de reconstrucciones hechas casi un siglo después. Lo sólido es el mecanismo: un jarabe azucarado que se enfría se espesa muy deprisa, y aquel día eso separó a quienes pudieron escapar de quienes no.
¿Lo habrías creído?
Tres datos de este folio. ¿Te los habrías creído si te los cuentan sin fuentes?
El tanque tenía más de ocho millones de litros de melaza.
✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.
La ola avanzó a unos 50 km/h, según estimaciones.
✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.
Con el aire helado de enero, la melaza se volvió todavía más espesa.
✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.
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