Folio 13
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La EPIDEMIA DE BAILE de 1518: la ciudad que no podía dejar de bailar

En julio de 1518 una mujer empezó a bailar en las calles de Estrasburgo y no podía parar. En pocas semanas decenas de personas la siguieron, y las autoridades probaron una cura sorprendente: más baile.

Lugar: EstrasburgoÉpoca: 1518Publicado: 27 de octubre de 2026Formato: Vídeo

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En el verano de 1518, en Estrasburgo, entonces una ciudad del Sacro Imperio Romano Germánico y hoy francesa, una mujer salió a la calle y se puso a bailar sin música. Siguió durante días. Pronto la imitaron otros vecinos, y luego decenas más, hasta que el consejo de la ciudad tuvo que reunirse para decidir qué hacer con un problema que ningún médico sabía nombrar.

La llamada «epidemia de baile» de 1518 parece una leyenda, pero está documentada en notas de médicos, sermones de la catedral, crónicas locales y actas del consejo municipal. Lo que esos papeles no cuentan es por qué aquella gente bailaba. Cinco siglos después, los historiadores siguen sin ponerse de acuerdo.

Una mujer baila sola

Según el relato más extendido, todo empezó el 14 de julio de 1518. Una mujer a la que las crónicas llaman Frau Troffea comenzó a bailar en una calle empedrada, delante de su casa, sin que sonara ninguna música. No hizo caso a su marido, bailó durante horas, cayó rendida y al día siguiente volvió a empezar. No es un dato del todo seguro: 4 de las 6 crónicas que tratan el episodio la señalan a ella como la primera, y las demás no.

Después de varios días, las autoridades la enviaron a un santuario dedicado a San Vito cerca de Saverne (Zabern, en alemán), al noroeste de la ciudad. Para entonces ya no estaba sola: en cuestión de días, más de 30 personas bailaban por las calles. Había de todo, desde vendedores ambulantes y mozos de carga hasta mendigos, peregrinos y religiosos.

Una ciudad al límite

Para entender lo que pasó hay que mirar cómo vivía Estrasburgo en aquellos años. Alsacia arrastraba una serie de malas cosechas, hambre, enfermedades e inestabilidad política. El historiador de la medicina John Waller, autor del estudio más conocido sobre el caso, describe una población sometida a una angustia extrema.

A eso se sumaba una creencia muy concreta. Mucha gente pensaba que San Vito, un santo mártir de la Antigüedad, podía castigar a los pecadores obligándolos a bailar. Por eso a Troffea la llevaron a su santuario: se creía que el santo la había maldecido.

Además, Estrasburgo no partía de cero. Desde 1374 se habían registrado más de 10 brotes de baile compulsivo en las orillas del Rin y del Mosela, y todos los episodios europeos conocidos entre 1374 y 1518 ocurrieron cerca de la ciudad. El de 1374 fue uno de los mayores: empezó en Aquisgrán el 24 de junio y se extendió a lugares como Colonia, Flandes y Metz. La gente de la región, en resumen, sabía lo que era una «danza de San Vito» y lo que significaba.

La receta de los médicos: más baile

Los clérigos culpaban a un San Vito vengativo, pero el consejo escuchó a los médicos de la ciudad, que dieron una explicación natural: se trataba de una enfermedad causada por la «sangre recalentada». Según la teoría de los humores, lo habitual habría sido recetar sangrías. En lugar de eso, propusieron algo más sorprendente: dejar que los enfermos bailaran hasta librarse del mal.

La crónica del arquitecto Daniel Specklin, escrita en el siglo XVI, recoge lo que vino después. Se ordenó a los gremios de carpinteros y curtidores que convirtieran sus salones en pistas de baile. Se montaron tarimas en el mercado de caballos y en el del grano, a la vista de todos. Se pagó a músicos para tocar tambores, violines, flautas y trompas, y se buscó a personas sanas que bailaran junto a los afectados para animarlos.

El remedio salió mal. Para muchos de los que miraban, aquel espectáculo confirmaba la cólera del santo, y la música y el gentío parecían atraer a más gente al baile.

Marcha atrás: penitencia y zapatos rojos

El consejo cambió de estrategia. Mandó desmontar las tarimas y prohibió casi toda la música y el baile en la ciudad hasta septiembre. Sebastian Brant, canciller municipal y autor de la célebre sátira «La nave de los necios» (1494), dejó por escrito la única excepción: las personas honorables podían bailar en bodas o en la primera misa de un sacerdote, siempre con instrumentos de cuerda y nunca con tambores ni panderos.

Los casos más graves fueron llevados en carros al santuario de San Vito, cerca de Saverne. Allí los sacerdotes los colocaban bajo una talla de madera del santo, les ponían pequeñas cruces en las manos y unos zapatos rojos en los pies. Rociaban los zapatos con agua bendita y les pintaban cruces de óleo consagrado en la suela y en el empeine, entre incienso y oraciones en latín.

Corrió la voz de que los peregrinos regresaban «perdonados por San Vito». En septiembre, los últimos afectados fueron llevados a una capilla en lo alto de un monte para rezar por su absolución, y el brote se apagó. Había durado desde mediados de julio hasta finales de agosto o principios de septiembre.

Cuántos bailaron y cuántos murieron

Las cifras son la parte más frágil de la historia. Las estimaciones van de unas 50 personas a cerca de 400. La cifra alta procede de una crónica familiar, la de los Imlin, que habla de 400 vecinos afectados en un mes; un poema manuscrito hoy perdido, citado en el siglo XVII por el jurista Johann Schilter, habla de «muchos cientos».

Con las muertes ocurre algo parecido. Es frecuente leer, también en algunos textos de Waller, que en el peor momento morían hasta 15 personas al día. Sin embargo, los documentos municipales de la época no mencionan muertos, y los relatos de víctimas proceden de crónicas posteriores, como una de 1636 que describe a hombres bailando día y noche hasta caer inconscientes. Es posible que el agotamiento costara vidas, pero no sabemos cuántas, y la imagen de una ciudad sembrada de cadáveres no se sostiene con las fuentes de 1518.

Lo que todavía se discute

La explicación más aceptada es la de John Waller: una enfermedad psicógena masiva, lo que antes se llamaba histeria colectiva. Gente agotada por el hambre y el miedo, convencida de que un santo podía obligarla a bailar, habría entrado en una especie de trance que se contagiaba por sugestión. Waller lo compara con otros casos mejor documentados, como la epidemia de risa de Tanganica en los años sesenta.

La alternativa más popular en internet, el cornezuelo del centeno, un hongo que produce sustancias emparentadas con el LSD, tiene poco apoyo. Waller señala que el envenenamiento reduce el riego sanguíneo de las extremidades, así que nadie podría bailar durante días en ese estado, y que los brotes se dieron en zonas con cultivos distintos. Otros autores, como Robert Bartholomew, han propuesto que se trataba de rituales religiosos prohibidos que se hacían pasar por baile involuntario.

El historiador alemán Gregor Rohmann, autor de un estudio de 2013 sobre la *Tanzwut* (la «furia del baile»), va más allá: recuerda que las crónicas no son historias clínicas, sino lo que interesaba anotar a un cronista, y lee el fenómeno en clave religiosa, como la expresión de personas que se sentían abandonadas por Dios. También pone en duda episodios muy repetidos, como que la gente bailara hasta caer muerta o que las autoridades organizaran bailes como cura, que la crónica de Specklin sí recoge.

La primera interpretación psicológica llegó pronto. Paracelso visitó Estrasburgo unos 8 años después y escribió que Troffea había empezado a bailar para avergonzar a su marido y que otras mujeres la imitaron para fastidiar a los suyos. Hoy suena tan injusto como poco científico, pero ya situaba la causa en la mente y no en el cielo. Y una curiosidad final: siglos más tarde, la medicina llamó «baile de San Vito» a la corea de Sydenham, una enfermedad neurológica que no tiene nada que ver con lo ocurrido en 1518.

Más datos del folio

  • La cifra de «15 muertos al día» no aparece en las fuentes de la época.
  • La teoría más aceptada es la histeria colectiva (John Waller); el cornezuelo es la alternativa, hoy bastante descartada.

¿Lo habrías creído?

Tres datos de este folio. ¿Te los habrías creído si te los cuentan sin fuentes?

Las fuentes hablan de entre 50 y 400 danzantes.

✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.

Los médicos lo atribuyeron a la «sangre caliente» y la ciudad llegó a contratar músicos y montar un escenario.

✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.

Después se prohibió la música y el baile en público, y muchos danzantes fueron llevados a un santuario de San Vito.

✓ Es verdad. Está en este folio y en sus fuentes.

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